lunes, 31 de enero de 2011

Familia y trabajo

Familia y trabajo.- Es común oír la frase «nadie nos enseñó cómo ser  padres» como un justificante a los errores típicos que se cometen en la familia. Sin embargo aunque  tiene algo de cierto posee también su parte de falsedad. En el desarrollo de cada uno de nosotros ha habido, normalmente una familia en la que contemplábamos, aunque fuera pasivamente, lo que se hacía para desarrollarla. Veíamos como nuestros padres hacían lo  posible por irnos formando, posiblemente sin tener una intención abierta, pero con cariño y constancia iban haciendo de nosotros lo mucho o poco que podamos ser en la actualidad.

En la actualidad se nos ha redescubierto que la familia  «hay que hacerla». Que no se da en automático; que no basta con casarse, tener hijos y buscarles la mejor escuela de acuerdo a las necesidades. Que el desarrollo de la familia de manera armónica, requiere de acciones que provoquen ese crecimiento. Pero quizá el redescubrimiento más grande es el que ambos padres juegan un rol igual de importante para ese desarrollo armónico.

Anteriormente se fijaba el rol paterno como el proveedor de bienes económicos y también de sanciones severas que sobrepasaban el afecto materno. El padre reflejaba el sostén y la dureza y la madre la bondad y afectividad. Se corregía pero no se prevenía.

En la actualidad la prevención toma prioridad sobre la corrección. Sin embargo surge un problema fuerte: se previene cuando se ve una posible desviación hacia un objetivo previsto, hacia una meta trazada. Este objetivo o meta es decisión que corresponde a ambos padres y que la responsabilidad recae también sobre ambos.

A veces por el trabajo, abandonamos los objetivos familiares. El consumismo nos hace que le demos valor a las cosas materiales y que descuidemos lo que verdaderamente puede mantener una familia unida y sólida. El trabajo, que es el medio para la conquista de lo económico es su fase primaria, hace disfuncional nuestros afectos o por lo menos le resta tiempo a su posible manifestación.

                                                           
José Luís Castañeda Lerma
 

Mediocre ¿yo?

Artículo: Mediocre ¿yo?.- Es una pregunta que me hicieron hace poco. Para mi fue doloroso decir que sí, que efectivamente lo era. Tratando de quitarle importancia a la respuesta el interpelado me contestó con un dejo de sarcasmo ¿cómo puedo ser algo que ni siquiera se lo que es?
Mediocridad, en su significado más primario y superficial, quiere decir de calidad media, de poco mérito, tirando a malo.  Si nos vamos por el de calidad media, sabemos que nos tendríamos que enfrentar necesariamente con el término “satisfacción del cliente” y de ahí pasar a preguntarse que tan satisfechos están de nosotros las personas que nos rodean en los diferentes ambientes en que nos movemos: ¿Qué tan satisfechos, objetivamente,  están mis familiares, mis compañeros de trabajo, mis colaboradores, mis jefes, mi empresa? ¿Cómo me valoran? ¿Soy uno más o realmente tengo peso específico?

Ahora bien, profundizando un poco más. Mediocre es aquella persona que se traza fines y medios para conseguirlos…pero que se queda entretenido en esos medios  y se olvida de sus finalidades originales. Se es un trabajador mediocre cuando se sabe que en la empresa se debe buscar la rentabilidad y se arrutina en su trabajo, sin lograr despuntar. Se es una persona mediocre cuando no se tiene un propósito en la vida y entonces cualquier medio se le confunde con fin. En este grupo caemos la mayoría.

Trabajamos, nos casamos, tenemos hijos, comenzamos una relación, estudiamos etc. Pero ¿Con qué fin? Todo lo que hacemos tiene una finalidad objetiva, ¿la hemos encontrado? Ya se que quizá estés cavilando que no quieres pensar en esto, que preguntarse por el sentido de la vida –en primer lugar- y luego en las finalidades de todo lo que hacemos da un poco de flojera. Esta es otra señal de mediocridad.

Vencer la pereza, requiere de determinación y ésta solo aparece cuando hay un fin altamente apetecible, deseable que se quiere con todas las fuerzas. Se convierte en una especie de círculo vicioso: “tengo pereza porque no se que quiero, y no se que quiero porque me da pereza pensarlo” ¡Bienvenido al círculo de la mediocridad!

Todos queremos progresar, en todos los sentidos, pero muy pocos tenemos la determinación para hacerlo. No hay alguien que no quiera salir adelante, todos queremos, pero no todos nos determinamos.

Y total ¿para qué? Si todos somos iguales, si efectivamente, la mediocridad masifica, aglutina, reúne y como somos muchos, nos sentimos acompañados, contagiados de falta de determinación. Y luego viene el engaño: “el día que me decida, van a ver quien soy”. Dejamos la determinación para el futuro que es tan incierto, que no sabemos su extensión para cada uno en lo individual.

El día que me decida: voy a ser el mejor padre, el mejor cónyuge, el mejor trabajador, el mejor estudiante, tendré mi propio negocio, regularizaré esta o aquella situación, volaré como las águilas. “El día que me decida” se convierte en el mejor calmante para las indirectas que nos lanza nuestra inteligencia diciéndonos que estamos en el grupo de los mediocres.

De una manera simpática pero que tiene su profundidad, alguna vez me comentaron que la palabra mediocre viene de “medio cree” medio cree en sí mismo, medio cree que hace las cosas bien, medio cree que sobresale, medio cree que es buen empleado o líder. A final de cuentas que medio cree en sus fines.

En fin yo medio creo que esta reflexión te ayude a determinarte. No te tengas lástima, ni te apiades de ti; para salir de la mediocridad se requiere de una visión, confianza en ti mismo para que cuando lo intentes, te sucederá como el chicle que se te pega en el zapato, no te impide el caminar pero ¡cómo molesta!, ese chicle es la cantidad de mediocres que quieren que regreses.

¿No te cansas de que el montón determine tu vida?

José Luis Castañeda Lerma
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Monseñor Ezzati envía a Roma la causa de beatificación del padre Esteban Gumucio

Monseñor Ezzati envía a Roma la causa de beatificación del padre Esteban Gumucio.- Con la firma del acta de la sesión de clausura de la investigación diocesana sobre la vida, virtud y fama de santidad del religioso de los Sagrados Corazones, se inicia la fase vaticana de su proceso de beatificación.


Con la presencia de familiares y gran cantidad de fieles, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Ricardo Ezzati, firmó el acta de la sesión de clausura de la investigación sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Padre Esteban Gumucio Vives ss.cc. El vicepostulador de la causa, padre Enrique Moreno ss.cc., hará llegar la documentación al postulador general en Roma, padre Alfred Bell ss.cc., que a su vez la entregará a la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano.

“Para mí sin duda alguna es un privilegio poder firmar las actas que permiten que el proceso diocesano pueda llegar ya a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, en relación a un hombre que he podido conocer en algunos momentos de mi vida, y en momentos cruciales y difíciles del país, como un profeta de Jesús, como un profeta del Evangelio”, señaló Monseñor Ezzati al inicio de la ceremonia. La firma de las actas se llevó a cabo bajo la atenta y emocionada mirada de los hermanos del religioso, Lucía y Pedro, además de una gran cantidad de fieles de la parroquia San Pedro y San Pablo, donde se encuentra enterrado el padre Esteban en un memorial.

El Arzobispo agregó que “he podido recoger testimonios sumamente hermosos de su cercanía a los matrimonios, a tantos cristianos sufrientes, así que yo me alegro inmensamente de este acto y me alegro inmensamente de que la Iglesia de Santiago pueda ofrecer a Chile y al mundo entero este ejemplo de sacerdote, de vida sacerdotal con fidelidad absoluta al Señor”.

La causa del Padre Esteban fue abierta el 20 de mayo de 2010 por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz. Desde esa fecha se constituyó el tribunal que en siete meses de investigación interrogó a 65 testigos señalados por el vice postulador de la causa, Padre Enrique Moreno ss.cc., y a otros 7 convocados ex officio por el juez delegado.

El padre Moreno destaca al padre Esteban Gumucio como “un hombre que reflejó en todo momento su gran adhesión a la persona de Jesús, y lo siguió al pie de la letra del Evangelio, es decir, preocupado de la gente sencilla, de los pequeños, de los pobres, de los marginados, defendiendo la vida”.

Su opción por los pobres y sencillos

En tanto, el Provincial de la Congregación de los Sagrados Corazones, padre Sergio Pérez de Arce ss.cc., expresó que “Esteban ha encarnado lo mejor de la espiritualidad de nuestra congregación, su amor por Jesús en la cercanía de María, su fraternidad sencilla y cariñosa, su amor abnegado por los pobres y sencillos, su canto a la vida en sus escritos, su insobornable defensa de los derechos de las personas, su reflejo de la compasión de Dios”, a la vez que agradeció “con mucha autenticidad el cariño que tuvo Monseñor Errázuriz al abrir esta causa y ahora quisiera agradecer muy sinceramente también a Monseñor Ezzati, que en poco tiempo se haya dispuesto a este gesto de tanta confianza y cariño con el padre Esteban y con nuestra congregación".

Quien tuvo a cargo la vista de la causa fue el padre Jaime Correa s.j., juez delegado del tribunal diocesano, quien en sólo siete meses logró cerrar el proceso. “Todos los testigos dicen que fue un hombre de mucha fe, de esperanza, de mucho amor a Dios y a los hombres. Hizo la opción de ir a vivir con los pobres, y no solamente eso, sino que vivió como pobre”, recalcó.

Ante consultas de la prensa, el padre Correa explicó que el padre Esteban Gumucio “es Siervo de Dios y si la Congregación para las Causas de los Santos aprueba este proceso que hemos terminado hoy, el Papa lo declara venerable. Y si hay un milagro pasa a ser beato, y en caso de que haya otro milagro, se convierte en santo”.

El camino de un hombre santo

El padre Esteban Gumucio Vives nació en Santiago, el 3 de septiembre de 1914. Hijo de Rafael Luis Gumucio y de Amalia Vives, cursó sus estudios de humanidades en el Colegio Sagrados Corazones de Alameda. Ingresó a la Congregación de los Sagrados Corazones a los 18 años de edad. Hizo su primera profesión temporal en Valparaíso el 12 de marzo de 1933, y su profesión religiosa perpetua, también en Valparaíso, el 22 de marzo de 1936. Después de haber efectuado sus estudios filosóficos y teológicos comenzó el camino de preparación hacia el ministerio presbiteral, recibiendo en Valparaíso la Tonsura el 21 de mayo de 1937, de manos de Mons. Rafael Edwards; en los días inmediatamente siguientes recibió las Órdenes menores. El 24 de septiembre de 1938 fue ordenado subdiácono en Los Perales, por Monseñor Teodoro Eugenin ss.cc. El 9 de octubre de 1938 recibió el Diaconado de manos de Monseñor Rafael Lira Infante, Obispo de Valparaíso. El 17 de diciembre de ese mismo año recibió en Valparaíso la Ordenación sacerdotal, de manos de Monseñor Rafael Lira Infante.

Recién ordenado sacerdote, en 1938 fue profesor en colegios de su congregación y después, sucesivamente, superior en Chile de su misma comunidad, maestro de novicios, fundador y párroco en San Pedro y San Pablo (La Granja), asesor y acompañante del movimiento Encuentro Matrimonial, párroco y vicario en la parroquia San José (La Unión, Región de Los Ríos) y, finalmente, colaborador en las parroquias San Damián de Molokai y San Pedro y San Pablo (San Joaquín y La Granja).

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Cardenal Cipriani: Un político abortista no es fiable

Cardenal Cipriani: Un político abortista no es fiable.- El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, ha afirmado que "los que quieren matar a los niños no están preparados para gobernar", en respuesta a las posiciones favorables al aborto de uno de los candidatos a presidente de la República del Perú en la elecciones generales convocadas para el 10 de abril.El purpurado respondió de este modo a las polémicas propuestas de legalización del aborto y la droga presentadas por el candidato de Perú Posible, Alejandro Toledo, quien después trató de matizar o rectificar su posición.

"Cuando hablamos de aborto es eliminar una vida, y la Iglesia nos dice --quinto mandamiento-- no matar. Por tanto la posición de la Iglesia no es objeto de una religión solamente, sino porque el aborto va contra la ley natural, que te dice que respetes la vida desde el primer instante de la concepción", comentó en su programa radiofónico "Diálogo de Fe" emitido por RPP.
El arzobispo de Lima recordó además que la Constitución Política del Perú ampara la vida desde el primer instante de la concepción, reconociendo al concebido como sujeto de derecho. 
"Felizmente, la gente sencilla, todavía tiene esa sensibilidad, quieren a sus hijos, los crían y aman. Por tanto, en el instante mismo de la concepción es un ser humano, y no podemos de una manera facilista y superficial decir que es un tema que tenemos que liberarnos. Ponte tú en la primera línea como voluntario para la muerte, pero no decidamos en una campaña política quienes van a nacer y quienes no van a nacer".
A propósito de las posiciones que sostienen que la madre "tiene libertad de abortar", recordó que en este delicado tema están en juego dos libertades: la de la madre y la del concebido, sujeto de derecho. 
"La libertad de la criatura la tenemos que defender nosotros. La criatura no tiene voz, y la medicina te dice hay una vida separada de la mujer. No podemos ni de lejos nosotros estar estableciendo ningún tipo de pauta en el que podemos eliminar una vida, eso se llama aborto", comentó.
Haciendo referencia a las posiciones del líder de Perú Posible, el cardenal consideró "que ha sido una falta grave, de la que hay que pedir una respuesta clara y determinante de uno de los candidatos, el doctor Toledo, que lo ha dicho. Lamentablemente a veces dice una cosa y otra, como todos también uno puede cambiar de opinión, pero debe con claridad rechazar entonces el aborto".
"Dénmelos a mí"
El arzobispo de Lima también propuso alternativas de acogida para aquellos niños que no son queridos por las madres. 
"Les puedo asegurar que el drama de la señal que deja un aborto te acompaña toda una vida. La experiencia sacerdotal me lo dice, muchísimas mujeres viven la vida entera en procesos psicológicos para recuperarse del proceso de un aborto".
"Creo que hay muchas alternativas para acoger a esa criatura en una casa, guardería, mucha iniciativa para apoyar a esa situación, pero alejemos de la discusión de la elección del país el drama del aborto. La Iglesia se mantiene clara, y los obispos le decimos a todos los fieles, si te consideras católico dile '¡no!' al aborto, y el candidato que no sea claro, no es un hombre fiable. Haz clínicas de apoyo y acogida para que en los primeros meses de embarazo no sean de tentación de que la solución es matar a la criatura", prosiguió. 
De otro lado, el cardenal Cipriani lamentó la propuesta de legalizar el consumo de drogas, recordando que la droga "es un vicio que destroza a las familias".

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El pontífice alienta proyectos concretos de paz para Tierra Santa

El pontífice alienta proyectos concretos de paz para Tierra Santa.- Benedicto XVI alentó en este domingo proyectos concretos de paz para Tierra Santa, en momentos de fuertes cambios para Oriente Medio.

Al celebrar el último domingo de enero, mes de la paz, dos muchachos (una adolescente y un niño), pertenecientes a la Acción Católica, subieron al estudio del Papa para liberar simbólicamente dos palomas, entre los aplausos de los miles de peregrinos que se encontraban en la plaza de San Pedro del Vaticano.
En ese día, además, se celebraba la Jornada Internacional de Intercesión por la Paz en Tierra Santa.
Al tomar la palabra, el Papa se unió al patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Fouad Twal, y al custodio franciscano de Tierra Santa, el padre Pierbattista Pizzaballa, para "invitar a todos a rezar al Señor para que permita la convergencia de las mentes y los corazones en proyectos concretos de paz".
Comentando las reivindicaciones sociales que han estallado en Túnez y Egipto en las últimas semanas, el padre Pizzaballa, reconoce que sigue estas noticias "con gran sorpresa, mezclada de expectación y preocupación: expectación por lo que puede suceder, pues nos damos cuenta de que son cambios de época".
"Ninguno de nosotros hubiera imaginado algo así hace tan sólo unos meses. Esto significa que hay movimientos, sobre todo en el mundo árabe, que ahora se manifiestan de una manera externa y visible", añade.
"Esto es seguramente un signo positivo, pero también preocupante, pues no sabemos cómo acabará todo esto. Deseamos que sea con el menor derramamiento de violencia y de sangre posible, y esperamos que se mantenga el respeto de las minorías religiosas", concluye el padre Pizzaballa ante los micrófonos de Radio Vaticano.

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Parlamento Europeo aprueba moción en defensa de cristianos en Medio Oriente

Parlamento Europeo aprueba moción en defensa de cristianos en Medio Oriente.- La asamblea parlamentaria del Consejo de Europa aprobó este jueves 27 de enero una moción en la que se señala que el viejo continente debe actuar de manera más determinada, concreta y eficaz en defensa de los cristianos en Medio Oriente que sufren la persecución a causa de su fe y no gozan de libertad religiosa.


Por 125 votos contra 22, entre los cuales se encontraba el voto de Turquía de mayoría musulmana, fue aprobada la propuesta del parlamentario italiano Luca Volonté en donde se solicita un mejor monitoreo de la región y una estrategia para reforzar la libertad religiosa en países donde voluntariamente no se protege a la comunidad cristiana.
El texto también solicita a los miembros del Consejo de Europa que incluyan en sus acuerdos bilaterales una "cláusula de democracia" y de tener en consideración la situación de los cristianos y de otras comunidades religiosas.
La asamblea -recordando el caso de Asia Bibi y condenando las masacres anti-cristianas de la Catedral católica de Bagdad (Irak) en octubre y la de diciembre en Egipto- hace un firme llamado a los países de Medio Oriente para que condenen de modo inequívoco no solo los ataques sino la discriminación y la intolerancia contra los cristianos.

El texto también incluye un párrafo dedicado a Turquía exigiéndole clarificar los hechos del pasado 25 de diciembre en la zona norte de Chipre cuando se interrumpió la Misa de Navidad en las ciudades de Rizokarpaso y Ayia Triada.
La moción también recuerda que son 200 millones los cristianos perseguidos a causa de su fe en el mundo, entre los cuales también están los que habitan la India, Vietnam, Nigeria y algunos lugares de Filipinas.
Tras recordar el firme rechazo de los ataque contra cristianos hecho por el Papa Benedicto XVI, concretamente los de Irak y Egipto, el texto recuerda que los cristianos en Medio Oriente no son inmigrantes, sino parte constituyente de la sociedad y la cultura árabe desde hace dos mil años, que ahora lamentablemente se ve muchas veces obligada a salir de la región a causa de la persecución.

aciprensa.com


La Sagrada Familia de Gaudí demuestra la actual sed espiritual


La Sagrada Familia de Gaudí demuestra la actual sed espiritual.- El intérés por la Sagrada Familia de Gaudí es una prueba de la necesidad de espiritualidad contemporánea, constata el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona.



El purpurado ofrece una reflexión en la revista de antropología y cultura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Humanitas (http://humanitas.cl/), en su última edición de enero.
En ella hace una valoración del significado que tiene la obra arquitectónica del siervo de Dios Antoni Gaudí para Barcelona y para el mundo contemporáneo.
"Gaudí con la construcción de la Sagrada Familia era consciente que levantaba algo singular por su profundidad, por su capacidad de emocionar y de hablar con unos registros plásticos arquitectónicamente innovadores y espiritualmente densos", asegura el purpurado.
"Ante los millones de personas que visitan esta obra grandísima, cabe preguntarse: ¿qué les impulsa a conocer la obra de un místico cristiano, cuando muchos parecen personas religiosamente indiferentes y muchos otros ni tan solo cristianos? ¿Este interés por la Sagrada Familia no será signo de una petición de espiritualidad?".
El cardenal califica la liturgia presidida por Benedicto XVI, durante su visita del 7 de noviembre, como un momento inolvidable para todos quienes presenciaron la ceremonia: "A la belleza de la liturgia cristiana propia del rito de la dedicación de una iglesia y de un altar, se añadía en esta ocasión la belleza maravillosa y me atrevería a decir ‘única' del templo de la Sagrada Familia, proyectado por el arquitecto catalán Antoni Gaudí en el año 1883 e iniciado por él mismo y que después de 128 años el Santo Padre ha dedicado a Dios para la celebración del culto litúrgico".
Asimismo subraya la providencial conjunción de acontecimientos que hicieron posible la terminación de la Basílica, recordando que el propio arquitecto decía, consciente de lo ambicioso que resulta su proyecto, que lo terminaría san José: "Nuestro arquitecto solía decir que en la Sagrada Familia todo es providencial. Pues sí, ciertamente que es providencial, porque quien ha terminado el templo en su interior para dedicarlo al culto con su dedicación después de 128 años de haberse iniciado, ha sido un Papa que lleva el nombre de José por su bautismo".
El templo de la Sagrada Familia fue estructurado, recuerda el arzobispo de Barcelona en su artículo, en base a la lectura y reflexión asidua de la Palabra de Dios que caracterizó a su creador. Se inspiró sobre todo en la visión del profeta Ezequiel relativa al nuevo templo de la Nueva Jerusalén y especialmente del libro del Apocalipsis sobre la Jerusalén celestial, la ciudad de Dios y de los hombres. "El sueño de Gaudí es el sueño de todos los constructores de catedrales: representar la Jerusalén celestial, la ciudad nueva y santa que ‘baja del cielo, viniendo de la presencia de Dios, como una novia que se engalana para su esposo'".
Además de recurrir al libro de las Sagradas Escrituras, el siervo de Dios encontró inspiración en la naturaleza y la liturgia: "Eran los tres libros que enseñaron a nuestro arquitecto las formas y las técnicas", agrega el Cardenal Martínez Sistach.
En el primer caso, es conocido el espíritu franciscano y contemplativo de la naturaleza que tuvo el artista. Esto, dice el autor, le llevaba a pensar que toda la criatura alababa a su Creador según su propio modo de ser.
"Levantando las torres sabía que en aquel lugar privaría crecer las hierbas y poder vivir los animales --escribe--. Por eso le gustaba colocar hierbas en los pináculos del ábside y en las bases de las columnas los animales más humildes que corrían por allí, sin olvidar los frutos de la naturaleza, poniendo un vergel en los muros del templo". Señalaba Gaudí: "colocar los medios que Dios pone a nuestra disposición para sostenernos y alimentarnos es una manera importante de agradecerle estos dones".
Por otro lado su amor al ceremonial litúrgico se manifiesta en su afirmación de que: "la liturgia lo tenía todo previsto". De esto concluye el Cardenal: "del culto cristiano él aprendió magistralmente a preverlo todo en la obra culminante de su vida. Especialmente en la nave central, que tiene 52 columnas tantas como los domingos del año litúrgico, nuestro arquitecto ha plasmado todo el año litúrgico celebrado por la Iglesia".
Junto con el recorrido por el espíritu que constituyó la Basílica de la Sagrada Familia, el Cardenal Martínez Sistach hace una consideración del papel que posee el templo en la sociedad moderna: "Algunos se preguntan qué significa en una ciudad europea como Barcelona, secularizada, levantar una iglesia como la de la Sagrada Familia. El emerger de este templo en el centro de la cosmopolita ciudad de Barcelona constituye una presencia de lo sagrado, de lo trascendente, en definitiva, de Dios. Aunque la cultura actual de nuestro occidente europeo es poco sensible a la trascendencia, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios busca el sentido de la vida y suele plantearse interrogantes que trascienden el espacio y el tiempo".
Expone el autor que la obra atrae a millones de personas en todo el mundo, porque la "nueva arquitectura" de Gaudí "descansa sobre aquello que el espíritu humano busca con insistencia: la proporción, la armonía, en definitiva, la belleza. Podemos decir que es una cartografía de lo sagrado, un gran mapa abierto donde el mundo puede leer las grandes preguntas de la vida, del origen y del fin, del cielo y de la tierra". Por lo mismo, concluye, uniéndose a las palabras pronunciadas por el Santo Padre, que Gaudí con su obra llena de belleza, de exaltación de la naturaleza creada por Dios y rica en simbología bíblica, teológica, litúrgica y catequética, "nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Dios es el origen de nuestro ser y comienzo y cúspide de nuestra libertad; no su oponente".

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Portavoz vaticano: El ecumenismo es más que pluralismo, exige conversión

Portavoz vaticano: El ecumenismo es más que pluralismo, exige conversión.- El ecumenismo es más que simple tolerancia y pluralismo; exige conversión, afirma el portavoz vaticano al hacer un balance de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de 2011, concluida el 25 de enero.

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha ofrecido su análisis en el editorial del último número de Octava Dies, semanario producido por el Centro Televisivo Vaticano.
El portavoz retoma las palabras que dirigió el Papa durante las vísperas del 25 de enero, en la Basílica de San Pablo Extramuros, de Roma, como una advertencia y añade "La búsqueda del restablecimiento de la unidad entre los cristianos divididos no puede reducirse a un reconocimiento de las diferencias recíprocas y al logro de una pacífica convivencia".

El padre Lombardi reconoce: "Cuántas veces, ante las dificultades del debate y del diálogo, nos encerramos en nuestras posiciones y nos conformamos con evitar tensiones, reconociendo amablemente las distancias recíprocas, pero renunciando a exponernos a pasos de mayor compromiso, que quizá se perciben como un riesgo para las costumbres o las seguridades alcanzadas".
"Una cultura de la tolerancia y del pluralismo hace que esta postura parezca natural y muchas veces se presenta como realista y sabia. Pero ¿es así?", se pregunta el portavoz vaticano.

"La unidad es otra cosa", responde, y citando de nuevo al Papa añade: "lo que anhelamos es esa unidad por la que Cristo mismo rezó y que por su naturaleza se manifiesta en la comunión de la fe, de los sacramentos, del ministerio".
Ante la "tentación de la resignación y del pesimismo", Lombardi muestra cómo Benedicto XVI nos invita a reavivar "la confianza en el poder del Espíritu Santo" y a "proseguir con pasión el camino". San Pablo se cae del caballo cuando encuentra a Jesús y su vida cambia. Conversión.

"¿Qué quiere Cristo de nosotros?", se pregunta el portavoz. "No quiere que nos quedemos donde ya llegamos. De ser así, nuestros encuentros ecuménicos se quedarían en hermosas coreografías y en el reflejo de un pasado de divisiones, más que en una semilla de futuro y un testimonio creíble de la presencia del Espíritu de Dios. Espíritu al cual - con el realismo del amor - debemos dejar más espacio en nuestro mundo marcado por el odio", concluye Lombardi.

zenit.org

Un misionero cristiano explica a Fides cómo está la situación en Egipto

Un misionero cristiano explica a Fides cómo está la situación en Egipto.- «La policía se ha retirado del centro del Cairo, el ejército sólo protege los edificios del poder, como el Parlamento. Es un ambiente que nunca había visto antes«, dice a la Agencia Fides un misionero del Cairo, que por razones de seguridad no desea ser citado. «En este momento están desfilando de nuevo los manifestantes que piden al presidente Mubarak que se marche» continúa la fuente de Fides. «La mayoría de la gente es pacífica.

Se puede decir que se ha creado una empatía entre los soldados y la multitud. En este momento la policía ha desaparecido. Ni siquiera están los policías que suelen ser enviados para vigilar las iglesias cristianas. Hay un vacío de seguridad que se ha llenado parcialmente por el espíritu cívico de la gente. La mayoría de los manifestantes son jóvenes, que han dotado de un carácter incluso alegre a la protesta. Pero junto a ellos, por desgracia, hay grupos de personas que se aprovechan de la falta de seguridad para saquear las tiendas”.
"No sabemos cómo evolucionará la situación”, concluye la fuente. “Los Hermanos Musulmanes hasta ahora se han mantenido al margen, pero hay señales que indican que quieren participar en la protesta. Las próximas horas y los próximos días podría ser decisivos para el destino de Egipto”.

infocatolica.com

Autoridades europeas admiten alcances de discriminación contra cristianos

Autoridades europeas admiten alcances de discriminación contra cristianos.- El sociólogo italiano Massimo Introvigne, representante de la presidencia en ejercicio de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) considera que los cristianos tienen razón al demandar una real libertad religiosa en Occidente porque son blanco de discriminación sistemática pese a ser la población mayoritaria de la región.


Introvigne, que trabaja en la oficina para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación de la OSCE, concedió una entrevista sobre este tema al Observatorio de la intolerancia y la discriminación contra los cristianos en Europa.
En la entrevista, publicada el 21 de enero pasado en el sitio web IntoleranceAgainstChristians.eu, el sociólogo explicó que tanto en Europa como en países de Asia Central y el Cáucaso, "hay problemas de discriminación contra los cristianos" y es "más sutil que en otros lugares".
"Los cristianos son excluidos del discurso público, ridiculizado, o marginados. También hay decisiones judiciales discriminatorias contra el derecho de los cristianos a la libertad de expresión en el lugar de trabajo o en los cargos públicos", agregó.
Para Introvigne "irónicamente, uno de los análisis más importantes de esta situación se incluye en un discurso que nunca se entregó, aunque su texto fue divulgado posteriormente". Se trata del discurso que el Papa Benedicto XVI preparó para su frustrada visita a la Universidad La Sapienza de Roma en enero de 2008, donde debatiría la marginación de los cristianos en el discurso público occidental.
"Esta visita fue cancelada debido a la reacción intolerante de una pequeña minoría de profesores y estudiantes. El incidente, por supuesto, confirmó más que cualquier palabra del Papa que el problema de la intolerancia contra los cristianos en efecto, existe en Occidente", añadió.
El experto afirmó que "los derechos de las minorías son una parte muy importante de nuestra civilización" pero "no debemos olvidar que las mayorías también tienen sus derechos".
Propone buscar un equilibrio entre los dos aunque "esto en ocasiones puede ser bastante difícil". Introvigne recordó el caso del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que pretende obligar a Italia a retirar los crucifijos de las escuelas públicas, pese a que según encuestas el 82 por ciento de los italianos, incluyendo a quienes se declaran "no creyentes", está a favor de mantenerlos.
El sociólogo explicó que la decisión del Tribunal se refiere a un caso en una escuela, donde las familias fueron consultadas sobre los crucifijos y todas "excepto una votaron a favor de mantener los crucifijos en las aulas de sus hijos".
"Hemos visto reacciones similares donde hay propuestas para eliminar las cruces de algunas banderas nacionales en los países donde han existido durante tantos siglos. Ir en contra de los sentimientos de la gran mayoría de la nación en aras de una pequeña minoría -en el caso de que la escuela italiana, una minoría de uno- no parece ser racional", indicó y explicó que esto tampoco conduce a "un verdadero respeto de los derechos de las minorías".
"Un clima donde los derechos de las mayorías son sistemáticamente ignorados, no es un clima que sea favorable a la tolerancia en general y la no discriminación", agregó.
Para Introvigne el punto principal en la discriminación religiosa es cultural. "Tenemos que entender de qué trata la libertad religiosa" y no reducirla a la libertad de culto.
"La libertad religiosa incluye la libertad de culto dentro de las iglesias y también la libertad para predicar fuera de las iglesias, para imprimir libros, para la participación activa de los creyentes en la vida política. Y si como resultado de la predicación alguien se convierte, el nuevo converso no puede ser procesado por apostasía o blasfemia", dijo.
También pidió considerar "que la libertad religiosa no debe ser considerada como la promoción del relativismo, y la idea de que todas las demandas sobre la verdad de las religiones son pre-científicas, irracionales, o falsas".
La noción occidental de la libertad religiosa termina siendo "un disfraz para imponer el relativismo" y "sustituir la libertad religiosa con la reducción de la libertad de culto".
La OSCE se encarga de la alerta temprana, prevención de conflictos, gestión de crisis y rehabilitación posconflicto. La organización engloba 56 Estados participantes alrededor del planeta, incluyendo tres continentes (América del Norte, Europa y Asia) y más de mil millones de personas.

aciprensa.com

Card. Cipriani: «Los que quieran matar niños no están preparados para gobernar»

Card. Cipriani: «Los que quieran matar niños no están preparados para gobernar».- «Los que quieren matar a los niños no están preparados para gobernar», afirmó el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne al condenar que el candidato presidencial Alejandro Toledo Manrique se haya mostrado a favor del aborto. «Me da vergüenza pensar que nosotros que estamos vivos, estemos pensando en quién va a nacer y quién no, es una injusticia y una exclusión brutal», sostuvo en declaraciones a RPP Noticias. El prelado ha pedido claridad a todos los candidatos en temas como el aborto, el matrimonio homosexual y el consumo de drogas.

En su programa “Diálogo de Fe”, el Arzobispo de Lima también criticó duramente a Toledo Manrique porque dijo a la prensa extranjera que estaba a favor del aborto, y hoy en RPP Noticias aclaró que apoyaba el aborto en casos de mujeres que sufren violación con consecuente embarazo.
El cardenal pidió además a todos los candidatos a la presidencia del Perú que sean claros en sus posiciones sobre el aborto, el consumo de drogas y el matrimonio homosexual, porque, a su juicio, se trata de temas sensibles, sobre los cuales la población debe conocer para tener un voto informado.
“El candidato que no es claro, no es un hombre fiable porque no sabemos en temas menos importantes cómo va a actuar”, expresó.

“Toledo no me ha pedido disculpas”

Por otra parte, el prelado indicó que el ex presidente Alejandro Toledo no le ha pedido disculpas aún por las cartas apócrifas en contra suya, que el ex ministro Fernando Olivera llevó al  El Vaticano el año 2001. El prelado calificó este hecho como “el más difícil que le tocó vivir en los 12 años que tiene como arzobispo”.
“Hubo un incidente enormemente desagradable que fueron las cartas faltas durante el gobierno de Toledo. Se intentó hacer pasar por cartas mías, y denuncio lo que fue un ataque frontal al cardenal y al nuncio apostólico de ese momento”, señaló.
“Este hecho hizo ver al Perú comprometido con una cosa delictuosa…Sufrí bastante y fue muy duro el momento”, agregó.

infocatolica.com

Episcopado pide a Zapatero preocuparse por cristianos perseguidos

Episcopado pide a Zapatero preocuparse por cristianos perseguidos.- La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), pidió al Gobierno español sumarse al llamado internacional para que se respete la libertad religiosa de los cristianos en los países de Oriente, donde son víctimas frecuentes del fundamentalismo islámico e hindú.


Al finalizar su 218° reunión este 28 de enero, la Comisión emitió un comunicado que destaca el pedido de Hungría, Italia, Francia, Polonia y Alemania, para que el 31 de enero el Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión Europea analice la persecución de los cristianos en el mundo y las medidas a tomar para garantizar su derecho a la vida y a la libertad religiosa.
Los obispos pidieron al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sumarse a esta solicitud que será agradecida no sólo por los católicos españoles, sino también por "todos los ciudadanos amantes de la dignidad humana y del derecho".
El comunicado exhortó a los católicos a rezar por sus hermanos de Oriente y recordó el mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2011, donde denunció que "los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe".

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Documental “Sueños de Haití” muestra la luz entre la tragedia


Documental “Sueños de Haití” muestra la luz entre la tragedia.- Un año después del terremoto que devastó Haití, en esta isla del Caribe las cosas no han cambiado mucho. Para comprobarlo, el documental español “Sueños de Haití” muestra escenas de las primeras semanas tras el desastre natural que dejó el país en ruinas.


“No hay comida, ni ropa, ni dinero. No hay nada”.

Miguel Ángel Tobías
Periodista “Sueños de Haití”
“La gente está intentando subirse al camión para coger la comida”.
Este documental lleva al espectador en medio del caos que padecía Haití mientras las organizaciones de ayuda internacional y las fuerzas militares de Estados Unidos intentaban distribuir ayuda humanitaria.

En él, algunos ciudadanos de Puerto Príncipe cuentan la tragedia que estaban viviendo. Ponen nombre y rostro a miles de víctimas de las que a menudo sólo se conoce el número. El equipo del documental sigue a tres personas en su lucha para encontrar a sus amigos y familiares perdidos.

“Mi novio murió, al igual que otros 6 familiares. En total he perdido a 7 personas”.

“Mi casa se derrumbó, lo he perdido todo”.

“¡Mi casa!”.

Miguel Ángel Tobías
Periodista “Sueños de Haití”
“¿Su casa se cayó?”.
“Si, y perdí a mi hermano y a mi padre”.

El director, Miguel Ángel Tobías, y el equipo de producción pasó dos semanas viajando alrededor de Haití para evaluar los daños que había causado el terremoto.

Lo que encontraron les impactó profundamente. Pero junto con un panorama desolador, rodeados por la destrucción, se encontraron con un pueblo decidido a superar uno de los mayores desastres naturales de la historia.

"Sonreímos siempre con dignidad”.

“Como haitiano, me he convertido en un soñador. Pero no sólo sueño para mí mismo, sino también para todo mi país”.
Este documental muestra la historia de un país y de una comunidad que sueña con superar el desastre causado por el terremoto y comenzar de nuevo.

Pero lo más importante es que “Sueños de Haití” pone rostros e historias a los 350.000 heridos y al 1,5 millones de personas que se quedaron sin hogar.


romereports.com

Las bienaventurazas son un programa moderno de vida, dice el Papa

Las bienaventurazas son un programa moderno de vida, dice el Papa.- El Papa Benedicto XVI recordó este domingo durante la oración del Ángelus que recordó que las Bienaventuranzas son un programa de vida para todo ser humano.


Al hablar de las Bienaventuranzas, el corazón del Evangelio de este domingo, el Pontífice destacó que "No se trata de una nueva ideología, sino de una enseñanza que viene desde lo alto y toca la condición humana, justamente aquella condición que el Señor, encarnándose, ha querido asumir, para salvarla".
El Sermón del Monte, explicó el Papa,  "está dirigido a todo el mundo, en el presente y en el futuro, y puede ser comprendido y vivido solamente en el seguimiento de Cristo, caminando con Él".
"Las Bienaventuranzas -continuó- son un nuevo programa de vida para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes. En efecto, cuando Dios consuela, sacia el hambre de justicia, seca las lágrimas de los afligidos, y además de recompensar a cada uno de modo sensible, abre el Reino de los Cielos".
Además hizo notar cómo este programa de vida "refleja la misma vida del Hijo de Dios que se deja perseguir, despreciar hasta la condena a la muerte, para que a los hombres les sea donada la salvación".
Más adelante hizo notar, citando a un "antiguo eremita", que no bastará con el solo esfuerzo humano y la propia voluntad, pues "las bienaventuranzas son dones de Dios y debemos darle gracias por estas y por las recompensas que se derivan, el Reino de los Cielos en el siglo futuro, la consolación aquí, la plenitud de todo bien y misericordia por parte de Dios".
Hacia el final el Papa invocó a la Virgen María, "bienaventurada por excelencia", pidiéndole la fuerza "de buscar al Señor y seguirlo siempre, con alegría, por los caminos de las Bienaventuranzas".

aciprensa.com

¿Cuál es la finalidad de tu vida?


¿Cuál es la finalidad de tu vida?.- Salimos de la casa de nuestros amigos ya oscurecido. Los hijos pequeños de esa familia, cariñosamente arropados por su madre, se habían ido a dormir uno tras otro. Nuestro destino era un volcán nevado, iniciando de noche la escalada para poder transitar, a plena luz del sol, por la zona más peligrosa.


La intensidad del frío hacía que nuestras bebidas se congelaran y que los dedos de las extremidades perdieran su sensibilidad. A medida que subíamos por la ladera empinada, el poco oxígeno del aire agudizaba la jaqueca. Fue entonces, unas tres horas después de la media noche cuando, en un repecho del sendero, apareció a nuestros pies la ciudad iluminada. La quietud citadina, el recuerdo del calor del hogar y el placentero sueño de esos niños me suscitaron una pregunta impetuosa: “Bueno, y yo, tonto de mí, ¿qué estoy haciendo en este lugar?”

¿Y sabré qué hago yo, no en la penumbra de un helado volcán, sino en la vida? ¿Soy producto del azar, un resultante biológico, algo casual? ¿Tiene mi vida alguna dirección, algún plan, algún propósito?


 
Preguntas como éstas se plantea cualquier individuo cuando se pone a pensar con un grado mínimo de sensatez. Y son preguntas que muchas veces se quedan sin respuesta, con la actitud desalentada de quien las considera imposibles de resolver. Otras veces, la respuesta es limitada, temporal, y por ello, insuficiente para la solución del enigma. Recuerdo, por ejemplo, el caso de un muchacho que vivía en una ciudad que no era la suya, al que pregunté: “Y tú, ¿sabes para qué vives?” “Para irme a Jalapa”, fue su contestación. Otros, quizá, dirán que viven para llegar a ser alguien, o para formar una familia, o para ser felices.

A veces los hombres piensan que podrían ser felices si consiguieran todo lo que desean. Pero cuando lo obtienen -riqueza, poder y salud; una familia generosa y amigos leales-, encuentran que aún les falta algo. Todavía no son verdaderamente felices. Siempre queda algo que su corazón anhela.

Hay personas más sabias que saben que el bienestar material es una fuente de dicha que decepciona. Con frecuencia, los bienes materiales son como agua salada para el sediento, que en vez de satisfacer el ansia de felicidad, la intensifica. Estos sabios han descubierto que el corazón del hombre no se sacia con bienes finitos, ni aunque los posea en enorme abundancia.
 
Y es que el corazón del hombre está hecho, nos dicen, para felicidades insospechadas: su coeficiente de dilatación no está acotado. Por eso la posesión de lo material no responde -y los testimonios vivenciales (quizá el tuyo propio incluido) podrían multiplicarse al infinito- a esas preguntas fundamentales para nuestra vida.

Si, de niños, asistimos al Catecismo elemental, quizá recordaremos las primeras cuestiones aprendidas con repetido sonsonete “¿Quién te creó?” Y, cuando respondíamos que ha sido Dios el autor de nuestra creación, nos volvían a inquirir sobre otra cuestión fundamental: “¿Para qué te ha creado Dios?” “Para conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida, y después, verlo y gozarlo en la otra”, respondíamos. Y entonces (vendrán a decirnos los sabios) es cuando ese anhelo de felicidad infinita se empezará a colmar.

Aquí también el testimonio vivencial podría multiplicarse. “It works”, podríamos decir luego de ponerlo en práctica. Esto funciona: así sí soy feliz o, al menos, estoy perfectamente seguro de andar por el camino que me conduce a la felicidad.

Pero, ¿en qué consiste la felicidad de la cual venimos hablando? Quizá nos ayude a entenderla el ejemplo del joven médico que se va a realizar los estudios de su especialidad a un país extranjero. Un día, al leer el periódico de su pueblo que su madre le ha enviado, tropieza con la fotografía de la muchacha que ha sido electa reina de las fiestas de la localidad. El médico no la conocía, ni siquiera había oído hablar de ella. Pero, al mirarla, se dice: “Caramba, qué linda chica. Además, parece lista y virtuosa. Me gustaría casarme con ella”. Al pie de la foto aparece la dirección de la chica, y el joven se decide a escribirle, sin demasiadas esperanzas de que le conteste. Y, sin embargo, la respuesta llega. Inician una correspondencia habitual, intercambian fotografías, y se cuentan todas sus cosas. El joven médico se enamora más y más cada día de esa muchacha a quien nunca ha visto.
 
Un par de años después, nuestro personaje vuelve a casa ya graduado. Durante ese tiempo ha estado cortejándola a distancia. El amor a ella lo ha hecho mejor médico y mejor persona: se ha esforzado por ser la clase de individuo que ella querría que fuese. Ha hecho las cosas que ella desearía que hiciera, y ha evitado las que le desagradarían. Ya es un anhelo ferviente de ella lo que hay en todo su ser, y está llegando a casa.

¿Cuánta dicha llevará su corazón al bajar del tren y tomar, al fin, a la muchacha en sus brazos? “¡Oh! -exclamará al abrazarla-, ¡si este instante no acabara nunca!” Su felicidad es la del amor logrado, del amor encontrándose en completa posesión de la persona amada. Llamamos a eso la fruición del amor. El muchacho recordará siempre este momento -momento en el que su anhelo fue colmado con el primer encuentro real- como uno de los sucesos más felices de su existencia.

Este ejemplo puede servirnos para descubrir la naturaleza de nuestra felicidad en el cielo. Es un ejemplo penosamente imperfecto, inadecuado en extremo, pero el menos malo que hemos podido ofrecer. Porque la felicidad esencial del cielo consiste exactamente en esto: en que poseeremos al Dios infinitamente perfecto y seremos poseídos por Él, en una unión tan íntima y total que ni siquiera podemos remotamente imaginar.
 
 
 
El objeto de nuestra posesión no será un ser humano (por bello, noble, bueno y maravilloso que sea). Será el mismo Dios con el que nos uniremos de un modo personal y definitivo; Dios, que es la Bondad, la Verdad y la Belleza infinitas; Dios, que lo es todo, y cuyo amor inconmensurable puede (como ningún amor terreno es capaz de hacer) colmar todos los deseos y anhelos del corazón humano. Poseeremos entonces una tan sublime dicha que, al decir de San Pablo “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman”, (I Cor. 2, 9). Y esta felicidad, una vez lograda, no se perderá jamás.

Que no se pueda perder no significa que se prolongue durante semanas, meses, años y siglos. El tiempo es exclusivo de nuestro mundo físico. Cuando termine nuestra vida terrena, terminará también el tiempo. La eternidad no es “un periodo muy largo”. No habrá sucesión de momentos en el cielo, no serán ciclos cronometrables en horas y minutos. No habrá sensación de monotonía, ni sentimiento de “espera”, ni anhelo de que llegue el otro día. En el cielo el “HORA” será lo único que importará. Eso es lo estupendo del premio: que nunca termina. Cada uno de nosotros estará extasiado en la posesión del mayor Amor que existe, ante el cual el más ardiente de los amores humanos, y aun la suma de todos ellos, es sólo un pálido reflejo.

Y nuestro embeleso no estará impedido por la sombra de su terminación, como ocurre con todas las dichas terrenas: en el cielo no sólo seremos felices con la máxima capacidad de nuestro corazón, sino que tendremos además la perfección final de la felicidad al saber que nada nos la podrá arrebatar. Está asegurada para siempre.

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¿Cómo será la eternidad?


¿Cómo será la eternidad? «Mis días se van río abajo, salidos de mí hacia el mar, como las ondas iguales y distintas de la corriente de mi vida: sangres y sueños. Pero yo, río en conciencia, sé que siempre me estoy volviendo a mi fuente»[1]




«Queridísimos -escribe San Juan-, nosotros somos ahora hijos de Dios, mas lo que seremos algún día no aparece aún. Sabemos que cuando se manifieste Jesucristo, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es»[6]. No como al través de velos o sombras, sino en Sí mismo [7]. Seremos semejantes al Jesús del Tabor. Endiosados, extasiados, con­templaremos y viviremos en el torrente inefable de Amor que es Dios. Escucharemos el diálogo eterno de las tres divinas personas. Asistiremos a la eterna generación del Hijo y a la espiración del Espíritu Santo.


La juntura de todos los bienes

A gentes poco ilustradas se les puede antojar algo monótono pasar la eternidad contemplando -simple­mente contemplando- a Dios. Pero sucede que en ello se encuentra «la juntura de todos los bienes», según el decir de San Juan de la Cruz, porque Dios es toda la Verdad, toda la Bondad, toda la Belleza, toda la Sabiduría, todo el Amor. Por lo demás, amar no es pasividad sin más: es una contemplación que suscita una actividad intensísima, la entrega de toda la persona en un éxtasis de sumo gozo.

«Si el amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el amor en el Cielo?»[8], donde el Amor se posee y se vive en toda su maravilla. «Vamos a pensar lo que será el Cielo (...) ¿Os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: "ni ojo vio, ni oído oyó..." Vale la pena, hijos míos, vale la pena»[9].

Cuenta Francisca Javiera del Valle, cómo «allá... en inmensas y dilatadas alturas, fue arrebatada mi alma por una fuerza misteriosa y con tanta sutileza, que así como nuestro pensamiento, en menos tiempo de abrir y cerrar los ojos, recorre de un confín a otro confín, allí con esa mayor ligereza me veía allá, en aquellas inmensas y dilatadas alturas, donde siempre están todos como en el centro de Dios metidos, vayan donde vayan, recorran lo que quieran. Siempre se hallan en el centro de Dios y siempre arrebatados con su divina hermosura y belleza. Porque Dios es océano inmenso de maravillas y también como esencia que se derrama, y siempre está derramándose. Y como lo que se derrama son las grandezas y hermosuras, dichas y felicidades y cuanto en Dios se encierra, siempre el alma está como nadando en aquellas dichas, felicidades y glorias que Dios brota de sí. Es Dios cielo dilatado y por eso siempre se está viendo y gozando nuevos cielos, con inconcebibles bellezas y hermosuras, y todas estas bellezas y hermosuras siempre las ve y las goza el alma como en el centro de Dios. Y recorriendo aquellos anchurosos cielos nuevos siempre el alma se halla eternamente feliz».

No hay riesgo de cansancio o hastío. «Aquí -dice Malon de Chaide- dura siempre una alegre primavera, porque está desterrado el erizado invierno; ni la furia de los vientos combaten los empinados árboles, ni la blanca nieve desgaja con su peso las tiernas ramas; aquí el enfermizo otoño jamás desnuda las verdes arboledas de sus hojas (...)»

«Cuando demos el gran salto, Dios nos esperará para darnos un abrazo bien fuerte, para que contemplemos su Rostro para siempre, para siempre, para siempre. Y como nuestro Dios es infinitamente grande, estaremos descubriendo maravillas nuevas por toda la eternidad. Nos saciará sin saciarnos, no nos empalagará jamás su dulzura infinita»[10].
Lo único necesario

«Allá no se sabe qué cosa es dolor, no hay enfermedad, no llega a ti muerte porque todo es vida, no hay dolor porque todo es contento, no hay enfermedad porque Dios es la verdadera salud. Ciudad bienaventurada, donde tus leyes son de amor, tus vecinos son enamorados; en ti todos aman, su oficio es amar y no saben más que amar; tienen un querer, una voluntad, un parecer; aman una cosa, desean una cosa, contemplan una cosa y únense con una cosa: Unum est necessarium»[11]. Una sola cosa es necesaria.

Si somos fieles, seremos como los ángeles, que «vueltos a mirar aquella fuente de amor dulcísima, arden con un sabroso fuego, adonde ¿quién podrá decir lo menos de lo que gozan? Están rendidos a aquella divina, pura, antiquísima hermosura de Dios; llévalos el amor enlazados y presos de un dulce y libre lazo de amor, para que tornen a la fuente y principio de donde salieron; y como ven aquel Sol de infinita belleza, amante eterno de sí mismo, vanse aquellas mentes angélicas, atónitas, enajenadas de sí, libres, sin libertad, presas, sin prisión, como las mariposas a la llama. Allí se encienden y no se queman; arden y no se consumen; apúranse y no se gastan. Oh sol resplandeciente, hermosura infinita, espejo purísimo de la gloria ¿Quién podrá decir lo que sienten los que te gozan?» [12].

Nadie puede decir lo indecible. He aquí el testimonio de Teresa de Jesús: «Ibame el Señor mostrando grandes secretos... Quisiera yo dar a entender algo de lo menos que entendía, y pensando cómo puede ser, hallo que es imposible; porque en sola la diferencia que hay de esta luz que vemos a la que allí se representa, siendo todo luz, no hay comparación, porque la claridad del sol parece muy desgastada. En fin, no alcanza la imaginación, por muy sutil que sea, a pintar ni trazar cómo será esta luz, ni ninguna cosa de luz que el Señor me daba entender como un deleite tan soberano que no se puede decir; porque todos los sentidos gozan en tan alto grado y suavidad, que ello no se puede encarecer, y así es mejor no decir más».

Y así, según San Agustín, «este Bien que satisface siempre, producirá en nosotros un gozo siempre nuevo. Cuanto más insaciablemente seáis saciados de la Verdad, tanto más diréis a esta insaciable: amén, es verdad. Tranquilizaos y mirad: será una continua fiesta».

Asistiremos pasmados a la eterna generación del Verbo y a la espiración del Espíritu Santo. Veremos y paladearemos el cariño infinito que nos tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Dios Uno y Trino, y con la Trinidad del Cielo la Trinidad de la tierra, Jesús -Verbo que enlaza una y otra Trinidad-, María y José. Los grandes amores, las Personas infinitamente buenas serán nuestra compañía, nuestra conversación, nuestro gozo eternos. Todas las maravillas del amor divino y del amor humano las gozaremos en plenitud. Ciertamente «será una continua fiesta».


Un futuro que ya es

No son éstos sueños vanos, no sólo consuelo para los afligidos de este valle de lágrimas. Son objeto de una esperanza certísima, fundada en la palabra de Dios. Al extremo de que San Pablo, por su esperanza teologal, se consideraba en la tierra ya en el Cielo: «Nosotros somos ciudadanos del Cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo»[13]. Por eso, el cristiano de fe ardiente, se adelanta a todos, vive desde el futuro, un futuro que ya es: Cristo Jesús. Viene de lo Eterno, camino hacia la Eternidad, sin perder un instante.


¿Cómo será mi Cielo?
Depende, claro es. Depende de mi caridad en el instante de cruzar la frontera del tiempo [14]. Mi belén eterno depende de la medida del amor a Dios que haya conquistado en este tiempo fugaz. Qué bien se entiende la urgencia del Fundador del Opus Dei: «Tened prisa en amar»; «todo el espacio de una existencia es poco, para ensanchar las fronteras de tu caridad». La eternidad, lejos de lo que algunos piensan, nos revela e ilumina todo el valor del tiempo. Nos enseña que aun eso, que aparece sin importancia, tiene un valor de eternidad [15]. Porque cada momento, cada ocupación, puede -y requiere- llenarse con todo el amor divino que se lleve en el corazón. «Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!» [16].

Este es el camino para arribar al Cielo: La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante [17]. No es poco, porque no es fácil. Pero la gracia de Dios nos lo hace asequible, nos eleva hasta esa medida divina.

Fe, esperanza, amor -vida teologal- en los mil detalles de la vida ordinaria. Incrementando así, cada día un poco, las virtudes humanas y las sobrenaturales. Pequeños detalles de prudencia, de justicia, de fortaleza, de templanza. El cuidado en las pequeñas cosas -no sólo de las grandes- que pertenecen al culto divino, a la santa pureza, a la vocación recibida. Así, día a día, paso a paso llegará el momento de oír la voz de Jesús: «Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu Señor»[18]. «Yo mismo -dice Dios- seré tu recompensa inmensamente grande»[19].

El cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, coexisten en lo más íntimo de mi ser. El tiempo pasa, pero no todo pasa con el tiempo. Yo no paso, mi yo no envejece, al contrario, se aproxima a la juventud eterna de Dios. A cada paso, se enriquece con las obras que hace a impulsos del Amor.

Madre Nuestra, que has visto crecer a Jesús, que le has visto aprovechar su paso entre los hombres: enséñame a utilizar mis días en servicio de la Iglesia y de las almas; enséñame a oír en lo más íntimo de mi razón, como un reproche cariñoso, Madre buena, siempre que sea menester, que mi tiempo no me pertenece, porque es del Padre Nuestro que está en los cielos[20].

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Cómo será el Cielo

«Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman»[2]. Sabemos que supera toda posible imaginación, porque la generosidad de Dios y su poder son infinitos. «Sabemos que si esta nuestra casa terrestre se desmorona, tenemos habitación de Dios en los Cielos»[3]; porque «esta es la promesa que Él mismo nos ha hecho: la vida eterna»[4].

Dios mismo, que nos ha creado con un ansia hondísima de vivir siempre, nos asegura que, en efecto, más allá del tiempo -breve en todo caso- nos espera la eterna plenitud del gozo: «Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida»[5].

Es claro que todo hombre tendrá vida eterna. Pero cuando en la Escritura Santa se habla de «vida eterna», se refiere sólo a la de los bienaventurados, porque la otra, la de los que se autocondenen a la lejanía de Dios, más que vida, será lo suyo una agonía interminable.

El hombre, unidad de cuerpo y espíritu

El hombre, unidad de cuerpo y espíritu
Enseñanza del Vaticano II

El Concilio Vaticano II, en su Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, resume las enseñanzas de la Revelación acerca del hombre y su especial dignidad. He aquí los puntos fundamentales:


- La Sagrada Escritura nos enseña que el hombre ha sido creado «a imagen de Dios», con capacidad para conocer y amar, y ha sido constituido, por Dios, señor de la creación visible.

- El hombre es, por su íntima naturaleza, un ser social. El matrimonio es la primera expresión de la comunión de personas.

- Creado por Dios en la justicia, el hombre, por instigación del demonio, abusó de su libertad y se levantó contra Dios. El pecado del hombre explica, en su última raíz, el desorden del hombre, tanto por lo que se refiere a su íntima constitución, como en su relación con los demás hombres.

- El hombre es una unidad de cuerpo y alma, de materia y espíritu.

- El hombre no debe despreciar la vida corporal. Por el contrario, debe tener por bueno al cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día.

- Herido por el pecado, el hombre experimenta la rebelión del cuerpo. Debe el hombre reencontrar, con la ayuda de la gracia, la unidad radical de su ser.


 
 
 
La enseñanza de la Sagrada Escritura

El primer dato y el más esencial es el que marca la dignidad del hombre como persona: «Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó, los creó varón y hembra» (Gn. 1, 26-27). El hombre es imagen de Dios; refleja mejor que los demás seres la espiritualidad de Dios; puede conocer y amar. El texto de la Escritura señala, asimismo, la identidad de naturaleza entre el hombre y la mujer.

El segundo dato lo da el capítulo segundo del Génesis: «Formó Yavé-Dios al hombre del polvo de la tierra y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado». En estas palabras se muestra tanto la corporalidad del hombre como su espiritualidad, en una unidad íntima, que viene expresada por el término «ser animado».

El tercer dato revelado es la creación de la mujer a partir del hombre durante un sueño. El motivo sería dar compañía al hombre. La mujer es esencialmente igual que el hombre, pero diferente en su cuerpo y en su modo de ser.

El cuarto dato es el pecado original que destruyó el primitivo y perfecto estado del hombre. Con la desobediencia, el hombre rompió con Dios y, como consecuencia, se produjo un desorden íntimo en el hombre.

Una de las consecuencias principales del primer pecado es la rotura del equilibrio humano. El pecado rompe la unión del hombre con Dios e impide dominar el propio cuerpo, que adquiere tendencias contrarias al espíritu, La vergüenza fue la primera manifestación de este desorden, ya que Adán y Eva perdieron la inocencia original.


La unidad del hombre

La conciencia de la unidad sustancial del hombre reside en lo más íntimo de la concepción cristiana de la vida. Lo atestigua la Sagrada Escritura, como se ha visto.

El cuerpo es la expresión exterior de toda la persona humana.

El alma intelectual es lo que hace que el hombre sea lo que es, pero el alma sola no constituye la esencia humana, ni se le puede tomar corno el único elemento en la definición del hombre. El hombre es, en definitiva, una unidad sustancial de materia y espíritu, una unidad íntima.

Esta conciencia de la íntima unidad de alma y cuerpo evitará los peligros de cualquier manifestación de maniqueísmo. Esta doctrina afirma la indignidad de la materia, y, por consiguiente, del cuerpo; considera que el alma es el único elemento valioso del hombre, y que debe evitarse todo aquello que se relacione con la materia, pues será malo por naturaleza.

La doctrina maniquea se manifiesta a lo largo de la historia de múltiples modos, pero siempre con una misma aplicación: alma y cuerpo son principios contrapuestos, bueno uno, malo el otro.

Se pone de manifiesto cómo desde entonces (desde los primeros tiempos de la cristiandad) los cristianos no pudieron aceptar la doctrina maniquea sobre un cuerpo malvado y un alma buena. Y, a la inversa, tampoco podían sostener una concepción puramente biológica del cuerpo. Este no es un fin en sí mismo, está ordenado a un destino, unido al alma, que lo supera y le confiere su plenitud en la resurrección, irradiación beatificadora de la gloria del alma de Jesucristo. Así se explica la actitud cristiana frente al cuerpo. Se trata, ciertamente, de una búsqueda de la santidad y de un pleno despliegue de potencialidades; favorece el desarrollo armónico de todas las virtualidades físicas, pero es también dominio de sí y ascética. (Pablo VI).
 
 
El cuerpo humano

Ya se ha visto cómo Dios manifiesta la bondad de la creación material, al afirmar repetidamente en el Génesis: «y vio que era bueno».. Ese mismo calificativo merece el hombre, unidad de alma y cuerpo.

El cuerpo es bueno como elemento material que es; pero alcanza todavía una mayor bondad por su unión al alma para formar parte del hombre, ser superior en el universo. El Cristianismo ha afirmado esa bondad de lo corporal. La Iglesia ha defendido la propia bondad del alma considerándola unida al cuerpo, y rechazando todo falso espiritualismo.

De esa bondad del cuerpo se deduce una primera consideración: el amor, cuidado y respeto que el hombre debe tener de su propio cuerpo y del de los demás. Amor, respeto y cuidado que se manifiestan en diversos aspectos: cuidado de la salud, recta alimentación, descanso corporal, curación de las enfermedades, pudor y modestia para que el cuerpo propio no lesione la vida moral de los demás, etcétera.


La persona humana es un ser sexuado

La declaración «Persona Humana» de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (7-XI-75) afirma: «La persona humana, según los datos de la ciencia contemporánea, está de tal manera marcada por la sexualidad, que ésta es parte principal entre los factores que caracterizan la vida de los hombres. En el sexo radican las notas características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad».


La enseñanza de la Sagrada Escritura

La Revelación contiene la siguiente doctrina sobre la sexualidad:

- La sexualidad es uno de los componentes de la naturaleza humana.
- Su finalidad es el matrimonio y la procreación.
- El pecado original introduce desorden en la naturaleza, desorden que afecta también al recto uso de la sexualidad.

Jesús, al interpretar el Antiguo Testamento, vuelve a proclamar la bondad del instinto sexual y la necesidad de su recto uso en el matrimonio. La salvación realizada por Jesús introduce un nuevo dato a considerar en la sexualidad: la capacidad sobrenatural que la gracia comunica al hombre para vencer el desorden introducido por el pecado original.


La unidad del hombre y la sexualidad

El ser humano es la unidad de cuerpo y alma. Por eso, se podría decir que el cuerpo es para el alma y el alma para el cuerpo. Todo lo que hace el hombre se atribuye al cuerpo y al alma, en unidad total. También la sexualidad afecta al hombre entero, no sólo a su cuerpo, y se integra en la capacidad humana de amar, cuyas dimensiones no sólo son corporales, sino espirituales. El amor entre el hombre y la mujer es algo más que biología, o instinto de placer. Por lo mismo, identificar sexo y placer es desconocer el sentido último y trascendente de la sexualidad: la mutua entrega en el amor del matrimonio, abierto a la fecundidad.

La sexualidad tiene dimensiones antropológicas, psicológicas y sociales. Sin embargo, es preciso tener en cuenta tres puntos esenciales:

a) No es lo mismo sexualidad que genitalidad. La sexualidad es la causa de la diferencia de los sexos. La genitalidad se refiere al aspecto puramente biológico de la sexualidad. Un hombre y una mujer son hombre o mujer en todo caso, aun cuando no estén desarrollando una actividad genital.

b) El instinto sexual humano no es igual que el de los animales. Todo el comportamiento humano está bajo el control de la voluntad. En el hombre, y según la ciencia más actual, no cabe hablar de instintos sino de tendencias, es decir, la persona humana tiene impulsos, también el sexual, pero siempre dominables por la voluntad y dirigibles al armónico desarrollo de la completa personalidad. No cabe, pues, un simple tratamiento biológico o -animal. de la sexualidad humana, porque ya no se estaría hablando del hombre, de la verdadera naturaleza humana: unidad de cuerpo y alma.

c) No todo en el hombre está movido por la sexualidad. Son muchos los factores que integran la personalidad humana, y no sólo la sexualidad. Más aún, ni siquiera la sexualidad es el elemento más importante de la actuación humana.

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El fin de la existencia del hombre

¿Es el hombre un mero accidente biológico?, ¿Es el género humano una simple etapa en un proceso evolutivo, ciego y sin sentido?, ¿Es esta vida humana nada más que un destello entre la larga oscuridad que precede a la concepción y la oscuridad eterna que seguirá a la tumba?.

 

¿Por qué, estoy aquí?
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¿Soy yo apenas una mota insignificante en el universo, lanzada al ser por el poder creador de un Dios indiferente, como la cáscara que se arroja sin pensar por encima del hombro?, ¿Tiene la vida alguna finalidad, algún plan, algún propósito? ¿De dónde, en fin, vengo? ¿Y por qué estoy aquí?

Estas cuestiones son las que cualquier persona normal se plantea en cuanto alcanza edad suficiente para pensar con cierta sensatez. La Doctrina Cristiana es, pues, sumamente lógica cuando nos propone como pregunta inicial:  ¿Quién nos ha creado?, pregunta a la que, una vez respondida, sigue inmediatamente esta otra: ¿Quién es Dios?. Pero, por el momento, me parece mejor retrasar el extendernos en estas dos preguntas y comenzar, mas bien, con la consideración de una tercera. Es igualmente básica, igualmente urgente, y nos ofrece un mejor punto de partida. La pregunta es: ¿Para qué nos hizo Dios?.

Hay dos modos de responder a esa pregunta, según la consideremos desde el punto de vista de Dios o del nuestro. Viéndola desde el punto de vista de Dios, la respuesta es: Dios nos hizo para mostrar su bondad. Dado que Dios es un Ser infinitamente perfecto, la principal causa por la que hace algo debe ser una razón infinitamente perfecta. Pero sólo hay una con esta característica para hacer algo, y es hacerlo por Dios. Por ello, seria indigno de Dios, contrario a su infinita perfección, si hiciera alguna cosa por una razón inferior a Sí mismo.

Quizá lo veamos mejor si nos lo aplicamos a nosotros. Aun para nosotros, la mayor y mejor razón para hacer algo es hacerlo por Dios. Si lo hago por otro ser humano -aun algo noble, como alimentar al hambriento-, y lo hago especialmente por esa razón, sin referirme a Dios de alguna manera, estoy haciendo una cosa imperfecta. No es una cosa mala, pero sí menos perfecta. Esto sería así aun si lo hiciera por un ángel o por la Santísima Virgen misma, prescindiendo de Dios. No hay motivo mayor para hacer algo que hacerlo por Dios. Y esto es cierto tanto para lo que Dios hace como para lo que hacemos nosotros.

La primera razón, pues -la gran razón por la que Dios hizo al universo y a nosotros-, fue para su propia gloria, para mostrar su poder y bondad infinitos. Su infinito poder se muestra por el hecho de que existimos. Su infinita bondad por el hecho de que quiere hacemos partícipes de su amor y felicidad. Y si nos pareciera que Dios es egoísta por hacer las cosas para su propio honor y gloria, es porque no podemos evitar pensarle en términos humanos. Pensamos en Dios como si fuera una criatura igual que nosotros. Pero el hecho es que no hay nada o nadie que merezca más ser objeto del pensamiento de Dios o de su amor que Dios mismo.

Sin embargo, cuando decimos que Dios creó el universo (y a nosotros) para su mayor gloria, no queremos decir, por supuesto, que Dios la necesitara de algún modo. La gloria que dan a Dios las obras de su creación es la que llamamos gloria extrínseca. Es algo fuera de Dios, que no le añade nada. Es muy parecido al artista que tiene gran talento para la pintura y la mente llena de bellas imágenes. Si el artista pone algunas de ellas sobre un lienzo para que la gente las vea y admire, esto no añade nada al artista mismo. No lo hace mejor o mis maravilloso de lo que era.

Así, Dios nos hizo primordialmente para su honor y gloria. De aquí que nuestra primera respuesta a la pregunta ¿Para qué nos hizo Dios? sea: para mostrar su bondad. Pero la principal manera de demostrarla se basa en el hecho de habernos creado con un alma espiritual e inmortal, capaz de participar de su propia felicidad. Aun en los asuntos humanos sentirnos que la bondad de una persona se muestra por la generosidad con que comparte su persona y sus posesiones con otros. Igualmente, la bondad divina se manifiesta, sobre todo, por el hecho de hacemos partícipes de su propia felicidad, de hacemos partícipes de Si mismo.

Por esta razón, al responder desde nuestro punto de vista a la pregunta ¿Para qué nos hizo Dios?, decimos que nos hizo para participar de su eterna felicidad en el cielo. Las dos respuestas son como dos caras de la misma moneda, su anverso y su reverso: la bondad de Dios nos ha hecho partícipes de su felicidad, y nuestra participación en su felicidad muestra la bondad de Dios.

Bien, ¿y qué es esa felicidad de la que venimos hablando y para la que Dios nos hizo?

Como respuesta, comencemos con un ejemplo: el del soldado americano destinado en una base extranjera. Un día, al leer el periódico de su pueblo que le ha enviado su madre, tropieza con la fotografía de una muchacha. El soldado no la conoce. Nunca ha oído hablar de ella. Pero, al mirarla, se dice: Vaya, me gusta esta chica. Querría casarme con ella.

La dirección de la muchacha esta al pie de la foto, y el soldado se decide a escribirle, sin demasiadas esperanzas en que le conteste. Y, sin embargo, la respuesta llega. Comienzan una correspondencia regular, intercambian fotografías y se cuentan todas sus cosas. El soldado se enamora más y más cada día de esa muchacha a quien nunca ha visto.

Al fin, el soldado vuelve a casa licenciado. Durante dos años ha estado cortejándola a distancia. Su amor hacia ella le ha hecho mejor soldado y mejor hombre: ha procurado ser la clase de persona que ella querría que fuera. Ha hecho las cosas que ella desearía que hiciera, y ha evitado las que le desagradarían si llegara a conocerlas. Ya es un anhelo ferviente de ella lo que hay en su corazón, y esta volviendo a casa.

¿Podemos imaginar la felicidad que colmará cada fibra de su ser al descender del tren y tomar, al fin, a la muchacha en sus brazos?  ¡Oh! -exclamará al abrazarla-, ¡si este momento pudiera hacerse eterno! Su felicidad es la felicidad del amor logrado, del amor encontrándose en completa posesión de la persona amada. Llamamos a eso la fruición del amor. El muchacho recordará siempre este instante -instante en que su anhelo fue premiado con el primer encuentro real- como uno de los momentos mis felices de su vida en la tierra.

Es también el mejor ejemplo que podemos dar sobre la naturaleza de nuestra felicidad en el cielo: penosamente imperfecto, inadecuado en extremo, pero el mejor que hemos podido encontrar, porque la primordial felicidad del cielo consiste exactamente en esto: que poseeremos al Dios infinitamente perfecto y seremos poseídos por Él, en una unión tan absoluta y completa que ni siquiera remotamente podemos imaginar su éxtasis.

A quien poseeremos no será un ser humano, por maravilloso que sea. Será el mismo Dios con quien nos uniremos de un modo personal y consciente; Dios que es Bondad, Verdad y Belleza infinitas; Dios que lo es todo, y cuyo amor infinito puede (como ningún amor humano es capaz de hacer) colmar todos los deseos y anhelos del corazón humano. Conoceremos entonces una felicidad arrebatadora tal, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre, según la cita de San Pablo (I Cor 2, 9). Y esta felicidad, una vez con- seguida, nunca se podrá perder.

Pero esto no significa que se prolongue durante horas, meses y años. El tiempo es algo propio del perecedero mundo material. Una vez dejemos esta vida, dejaremos también el tiempo que conocemos. Para nosotros la eternidad no será una temporada muy larga. La sucesión de momentos que experimentaremos en el cielo -el tipo de duración que los teólogos llaman aevum- no serán ciclos cronometrables en horas y minutos. No habrá sentimiento de espera, ni sensación de monotonía, ni expectación del mañana. Para nosotros, el AHORA será lo único que contará.

Esto es lo maravilloso del cielo: que nunca se acaba. Estaremos absortos en la posesión del mayor Amor que existe, ante el cual el más ardiente de los amores humanos es una pálida sombra. Y nuestro éxtasis no estará atado por el pensamiento que un día tendrá que acabar, como ocurre con todas las dichas terrenas.

Por supuesto, nadie es absolutamente feliz en esta vida. A veces la gente piensa que lo sería si pudiera alcanzar todo lo que desea. Pero cuando lo consiguen -salud, riqueza y fama; una familia cariñosa y amigos leales- encuentran que aún les falta algo. Todavía no son sinceramente felices. Siempre queda algo que su corazón anhela. Hay personas más sabias que saben que el bienestar material es una fuente de dicha que decepciona. Con frecuencia, los bienes materiales son como agua salada para el sediento, que en vez de satisfacer el ansia de felicidad, la intensifica. Estos sabios han descubierto que no hay felicidad tan honda y permanentes como la que brota de una viva fe en Dios y de un activo y fructífero amor de Dios. Pero incluso estos sabios encuentran que su felicidad en esta vida nunca es perfecta, nunca completa. Más aún, son ellos, más que nadie, quienes conocen lo inadecuado de la felicidad de este mundo, y es precisamente por eso -por el hecho de que ningún humano es jamás perfectamente dichoso en esta vida- por lo que encontramos una de las pruebas de la existencia de la felicidad imperecedera que nos aguarda tras la tumba. Dios, que es infinitamente bueno, no pondría en los corazones humanos este ansia de felicidad perfecta si no hubiera modo de satisfacerla. Dios no tortura con la frustración a las almas que Él ha hecho.

Pero incluso si las riquezas materiales o espirituales de esta vida pudieran satisfacer todo anhelo humano, todavía quedaría el conocimiento de que un día la muerte nos lo quitaría todo -y nuestra felicidad sería incompleta-. En el cielo, por el contrario, no s6lo seremos felices con la máxima capacidad de nuestro corazón, sino que tendremos, además, la perfección final de la felicidad al,.saber que nada nos la podrá arrebatar. Está asegurada para siempre.


¿Qué debo hacer?

Me temo que mucha gente vea el cielo como un lugar donde hallaran a los seres queridos difuntos, más que el lugar donde encontraran a Dios. Es cierto que en el cielo veremos a las personas queridas, y que nos alegrará su presencia. Cuando estemos con Dios, estaremos con todos los que con él están, y nos alegrará saber que nuestros seres queridos están allí, corno Dios se alegra de que est6n. Querremos que aquellos que dejamos alcancen el cielo también, como Dios quiere que lo alcancen.

Pero el cielo es algo mas que una reunión de familiar. Para todos, Dios es quien importa. En una escala infinitamente mayor, será como una audiencia con el Santo Padre. Cada miembro de la familia que visita el Vaticano esta contento de que los demos están allí. Pero cuando el Papa entra en la sala de audiencias, es a él, principalmente, a quien los ojos de todos se dirigen. De modo parecido, nos conoceremos y amaremos todos en el cielo, pero nos conoceremos y amaremos en Dios.

Nunca se resaltará bastante que la felicidad del cielo consiste, esencialmente, en la visión intelectual de Dios -la final y completa posesión de Dios, al que hemos deseado y amado débilmente y de lejos-. Y si éste ha de ser nuestro destino -estar eternamente unidos a Dios por el amor-, de ello se desprende que hemos de empezar a amarle aquí en esta vida.

Dios no puede llenar lo que ni siquiera existe. Si no hay un principio de amor de Dios en nuestro corazón, aquí, sobre la tierra, no puede haber la fruición del amor en la eternidad. Para esto nos ha puesto Dios en la tierra, Para que, amándole, pongamos los Pimientos necesario Para nuestra felicidad en el cielo.

En el epígrafe precedente hablábamos de un soldado que, estacionado en una base lejana, ve el retrato de una muchacha en un periódico y se enamora de ella. Comienza a escribirle y, a su regreso al hogar, termina por hacerla suya. Es evidente que si, para empezar, al joven no le hubiera impresionado la fotografía, o si, tras unas pocas cartas, hubiera perdido el interés por ella, cesando la correspondencia, aquella muchacha no habría significado nada para él a su regreso. Y aun en el caso de que se encontrara en el andén a la llegada del tren, para él su rostro hubiera sido uno más en la multitud. Su corazón no se sobresaltaría al verla.

De igual modo, si no empezamos a amar a Dios en esta vida, no hay modo de unirnos a Él en la eternidad. Para aquel que entra en la eternidad sin amor de Dios en su corazón, el cielo, simplemente, no existirá. Igual que un hombre sin ojos no podría ver la belleza del mundo que le rodea, un hombre sin amor de Dios no podrá ver a Dios; entra en la eternidad ciego. No es que Dios diga al pecador impenitente (el pecado no es más que una negativa al amor de Dios): Como tú no me amas, no quiero nada contigo. ¡Vete al infierno!. El hombre que muere sin amor de Dios, o sea, sin arrepentirse de su pecado, ha hecho su propia elección. Dios está allí, pero él no puede verle, igual que el sol brilla aunque el ciego no pueda verlo.

Es evidente que no podemos amar a quien no conocemos. Y esto nos lleva a otro deber que tenemos en esta vida. Tenemos que aprender todo lo que podamos sobre Dios, para poder amarle y mantener vivo nuestro amor y hacerle crecer. Volviendo a nuestro imaginario soldado: Si ese joven no hubiera visto a la muchacha, está claro que nunca habría llegado a amarla. No podría haberse enamorado de quien ni siquiera había oído hablar. Y aun después de ver su fotografía y quedar impresionado por su apariencia, si el joven no le hubiera escrito y por la correspondencia conocido su atractivo, el primer impulso de interés nunca se habría hecho amor ardiente. Por eso estudiamos religión. Por eso tenemos clases de catecismo en la escuela y cursos de religión en la enseñanza media y en la superior. Por eso oímos homilías los domingos y leemos libros y revistas doctrinales. Por eso asistimos a círculos de estudio, seminarios y conferencias. Son parte de lo que podríamos llamar nuestra correspondencia con Dios. Son parte de nuestro esfuerzo por conocerle mejor para que nuestro amor por Él pueda crecer, desarrollarse y conservarse.

Hay, por descontado, una única piedra de toque para probar nuestro amor por alguien. Y es hacer lo que complace a la persona amada, lo que le gustaría que hiciéramos. Tomando una vez más el ejemplo de nuestro soldadito: Si, a la vez que dice amar a su chica y querer casarse con ella, se dedicara a gastar su tiempo y dinero en prostitutas y borracheras, sería un embustero de primera clase. Su amor no sería sincero si no tratara de ser la clase de hombre que ella querría que fuese.

Parecidamente, hay un solo modo de probar nuestro amor a Dios, y es haciendo lo que Él quiere que hagamos, siendo la clase de hombre que Él quiere que seamos. El amor de Dios no esta en los sentimientos. Amar a Dios no significa que nuestro corazón deba dar saltos cada vez que pensamos en Él. Algunos pueden sentir su amor de Dios de modo emocional, pero esto no es esencial. Porque el amor de Dios reside en la voluntad. No es por lo que sentimos sobre Dios, sino por lo que estamos dispuestos a hacer por Él, como probamos nuestro amor a Dios. Y cuanto más hagamos por Dios aquí, tanto mayor será nuestra felicidad en el cielo. Quizá parezca una paradoja afirmar que en el cielo unos serán más felices que otros, cuando antes habíamos dicho que en el cielo todos serán perfectamente felices. Pero no hay contradicción. Aquellos que hayan amado más a Dios en esta vida serán más dichosos al consumarse ese amor en el cielo. Un hombre que ama a su novia sólo un poco, será dichoso al casarse con ella. Pero otro que la ame mas será más dichoso que el primero en la consumación de su amor. De igual modo, al crecer nuestro amor a Dios (y nuestra obediencia a su voluntad) crece nuestra capacidad de ser felices en Dios.

En consecuencia, aunque es cierto que cada bienaventurado será perfectamente feliz, también es verdad que unos tendrán mayor capacidad de felicidad que otros. Para utilizar un ejemplo antiguo: una botella de cuarto y una botella de litro pueden ambas estar llenas, pero la botella de litro contiene más que la de cuarto. 0 para hacer otra comparación: seis personas escuchan una sinfonía; todos están absortos en la música, pero cada uno la disfruta en seis grados distintos, que dependerán de su particular conocimiento y apreciación de la música.

Es, pues, todo esto lo que el catecismo quiere decir cuando pregunta ¿Qué debemos hacer para adquirir la felicidad del cielo?, a lo que contesta diciendo: Para adquirir la felicidad del cielo debemos conocer, amar y servir a Dios en esta vida. Esa palabra del medio, amar, es la palabra clave, lo esencial. Pero el amor no se da sin previo conocimiento, hay que conocer a Dios para poder amarle. Y no es amor verdadero el que no se manifiesta en obras: haciendo lo que el amado quiere.

Así pues, debemos también servir a Dios.

Pero, antes de dar por concluida nuestra respuesta a la pregunta ¿Qué debo hacer?, conviene recordar que Dios no nos deja abandonados a nuestra humana debilidad en este asunto de conocerle, amarle y servirle. La felicidad del cielo es una felicidad intrínsecamente sobrenatural. No es algo a lo que tengamos derecho alguno. Es una felicidad que sobrepasa nuestra naturaleza humana, que es sobrenatural. Aun amando a Dios no sería imposible contemplarle en el cielo si no nos diera un poder especial. Este poder especial que Dios da a los bienaventurados, que no forma parte de nuestra naturaleza humana y al que no tenemos derecho, se llama lumen gloriae. Si no fuera por esta luz de gloria, la felicidad más alta a que podríamos aspirar seria la natural del limbo. Esta felicidad sería muy parecida a la que goza el santo en esta vida cuando está en unión cercana y extática con Dios, pero sin llegar a verle.

La felicidad del cielo es una felicidad sobrenatural. Para alcanzarla, Dios nos proporciona las ayudas sobrenaturales que llamamos gracias. Si Él nos dejara con sólo nuestras fuerzas, nunca conseguiríamos el tipo de amor que nos merecería el cielo. Es una clase especial de amor a la que llamamos caridad, y cuya semilla Dios implanta en nuestra voluntad en el bautismo. Mientras cumplamos nuestra parte buscando, aceptando y usando las gracias que Dios nos provee, este amor sobrenatural crece en nosotros y da fruto.

El cielo es una recompensa sobrenatural que alcanzamos viviendo vida sobrenatural. Y esta vida sobrenatural es conocer, amar y servir a Dios bajo el impulso de su gracia. Es todo el plan y toda la filosofía de una vida auténticamente cristiana.


¿Quién me enseñará?


He aquí una escenita que bien pudiera suceder: El director de una fábrica lleva a uno de sus obreros ante una nueva máquina que acaba de instalarse. Es enorme y complicada. El director dice al trabajador: Te nombro encargado de esta maquina. Si haces un buen trabajo con ello, tendrás una bonificación de cinco mil dólares a fin de año. Pero como es una máquina muy cara, si la estropeas, te echo a la calle. Ahí tienes un folleto que te explica la máquina. Y ahora, ¡ a trabajar!

Un momento -seguramente diría el obrero-. Si esto significa o tener un montón de dinero o estar sin trabajo, necesito algo más que un librillo. Es muy fácil entender mal un libro. Y, además, a un libro no se le pueden hacer preguntas. ¿No sería mejor traer a uno de esos que hacen las máquinas? Podría explicármelo todo y asegurarse de que lo he entendido bien.

Y sería razonable la petición del obrero. Igualmente, cuando se nos dice que toda nuestra tarea en la tierra consiste en conocer, amar y servir a Dios, y de que nuestra felicidad eterna depende de lo bien que lo hagamos, podemos con razón preguntar: ¿Quién me va a explicar la manera de hacerla? ¿Quién me dirá lo que necesito saber?

Dios se ha anticipado a nuestra pregunta y la ha respondido. Y Dios no se ha limitado a ponemos un libro en las manos y dejar que nos apañemos con su interpretación lo mejor que podamos. Dios ha enviado a Alguien de la Casa Central para que nos diga lo que necesitamos saber para decidir nuestro destino. Dios ha enviado nada menos que a su propio Hijo en la Persona de Jesucristo. Jesús no vino a la tierra con el único fin de morir en una cruz y redimir nuestros pecados. Jesús vino también a enseñar con la palabra y el ejemplo. Vino a enseñarnos las verdades sobre Dios que nos conducen, a amarle, y a mostrarnos el modo de vida que prueba nuestro amor.

Jesús, en su presencia física y visible, se fue al cielo el jueves de la Ascensión. Sin embargo, ideó el modo de quedarse con nosotros como Maestro hasta el fin de los tiempos. Con sus doce Apóstoles como núcleo y base, Jesús se modeló un nuevo tipo de Cuerpo. Es un Cuerpo Místico más que físico por el que permanece en la tierra. Las células de su Cuerpo son personas en vez de protoplasma. Su Cabeza es Jesús mismo, y el Alma es el Espíritu Santo. La Voz de este Cuerpo es la del mismo Cristo, quien nos habla continuamente para enseñarnos y guiarnos. A este Cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, llamamos Iglesia.

Es esto lo que quiere decir el catecismo al preguntar -como nos hemos preguntado nosotros-. ¿Quién nos enseña a conocer, amar y servir a Dios?, y responder: Aprendemos a conocer, amar y servir a Dios por Jesucristo, el Hijo de Dios, quien nos enseña por medio de la Iglesia. Y para que tengamos bien a la mano las principales verdades enseñadas por Jesucristo, la Iglesia las ha condensado en una declaración de fe que llamamos Credo de los Apóstoles. Ahí están las verdades fundamentales sobre las que se basa una vida cristiana.

El Credo de los Apóstoles es una oración antiquísima que nadie sabe exactamente cuándo se formuló con las palabras actuales. Data de los primeros días de los comienzos del Cristianismo. Los Apóstoles, después de Pentecostés y antes de comenzar sus viajes misioneros por todo el mundo, formularon con certeza una especie de sumario de las verdades esenciales que Cristo les había confiado. Con Él, todos se aseguraban de abarcar estas verdades esenciales en su predicación. Serviría también como declaración de fe para los posibles converses antes de su incorporación al Cuerpo Místico de Cristo por el Bautismo.

Así, podemos estar bien seguros de que cuando entonamos Creo en Dios Padre omnipotente ...  recitamos la misma profesión de fe que los primeros convertidos al Cristianismo --Cornelio y Apolo, Aquila, Priscila y los demás- tan orgullosamente recitaron y con tanto gozo sellaron con su sangre.

Algunas de las verdades del Credo de los Apóstoles podíamos haberlas hallado, bajo unas condiciones ideales, nosotros mismos. Tales son, por ejemplo, la existencia de Dios, su omnipotencia, que es Creador de cielos y tierra. Otras las conocemos sólo porque Dios nos las ha enseñado, como que Jesucristo es el Hijo de Dios o que hay tres Personas en un solo Dios. Al conjunto de verdades que Dios nos ha enseñado (algunas asequibles para nosotros y otras fuera del alcance de nuestra razón) se le llama revelación divina, o sea, las verdades reveladas por Dios. (Revelar viene de una palabra latina que significa retirar el velo.)

Dios empezó a retirar el velo sobre Sí mismo con las verdades que dio a conocer a nuestro primer padre, Adán. En el transcurso de los siglos, Dios siguió retirando el velo poquito a poco. Hizo revelaciones sobre Sí mismo -y sobre nosotros- a los patriarcas como Noe y Abraham; a Moisés y a los profetas que vinieron tras Él, como Jeremías y Daniel.

Las verdades reveladas por Dios desde Adán hasta el advenimiento de Cristo se llaman revelación precristiana. Fueron la preparación paulatina para la gran manifestación de la verdad divina que Dios nos daría por su Hijo Jesucristo. A las verdades dadas a conocer ya directamente por Nuestro Señor, ya por medio de sus Apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo, las llamamos revelación cristiana. . Por medio de Jesucristo, Dios completó la revelación de Sí mismo a la humanidad. Ya nos ha dicho todo lo que necesitamos saber para ir al cielo. Nos ha dicho todo lo que necesitamos saber para cumplir nuestro fin y alcanzar la eterna unión con el mismo Dios. Consecuentemente, tras la muerte del último Apóstol (San Juan), no hay nuevas verdades que la virtud de la fe exija que creamos.

Con el paso de los años, los hombres usarán la inteligencia que Dios les ha dado para examinar, comparar y estudiar las verdades reveladas por Cristo. El depósito de la verdad cristiana, como un capullo que se abre, se irá desplegando ante la meditación y el examen de las grandes mentes de cada generación. Naturalmente, nosotros, en el siglo XX, comprendemos mucho mejor las enseñanzas de Cristo que los cristianos del siglo I. Pero la fe no depende de la plenitud de comprensión. En lo que concierne a las verdades de fe, nosotros creemos exactamente ]as mismas verdades que creyeron los primeros cristianos, las verdades que ellos recibieron de Cristo y de sus portavoces, los Apóstoles. Cuando el sucesor de Pedro, el Papa, define solemnemente un dogma -como el de la Asunción-, no es que presente una nueva verdad para ser creída. Simplemente nos da pública noticia de que es una verdad que data del tiempo de los Apóstoles y que, en consecuencia, debemos creer.

Desde el tiempo de Cristo ha habido muchas veces en que Dios ha hecho revelaciones privadas a determinados santos y otras personas. Estos mensajes se denominan revelaciones privadas. A diferencia de las revelaciones públicas dadas por Jesucristo y sus Apóstoles, aquellas solo exigen el asentimiento de los que las reciben. Aun apariciones tan famosas como Lourdes y Fátima, o la del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, no son lo que llamamos materia de fe divina. Si una evidencia clara y cierta nos dice que estas apariciones son auténticas, seria una estupidez dudar de ellas. Pero aun negándolas no incurriríamos en herejía. Estas revelaciones privadas no forman parte del deposito de la fe.

Ahora que estamos tratando del tema de la revelación divina, seria bueno indicar el volumen que nos ha guardado muchas de las revelaciones divinas: la Santa Biblia.

Llamamos a la Biblia la Palabra de Dios porque fue el mismo Dios quien inspiró a los autores de los distintos Libros que componen la Biblia. Dios les inspiró escribir lo que El quería que se escribiera, y nada más. Por su directa acción sobre la mente y voluntad del escritor (sea éste Isaías o Ezequiel, Mateo o Lucas), Dios Espíritu Santo dictó lo que quería que se escribiera. Fue, por supuesto, un dictado interno y silencioso.

El escritor redactaría según su estito de expresión propio. Incluso sin darse cuenta de lo que le movía a consignar las cosas que escribía. Incluso sin percatarse de estar escribiendo bajo la influencia de la divina inspiración. Y, sin embargo, el Espíritu Santo guiaría cada rasgo de su pluma. Es, pues, evidente que la Biblia no está libre de error porque la Iglesia haya dicho, tras un examen minucioso, que no hay en ella error. La Biblia está libre de error porque su autor es Dios mismo, siendo el escritor humano no en un mero instrumento de Dios. El cometido de la Iglesia ha sido decirnos qué escritos antiguos son inspirados, conservarlos e interpretarlos.

Sabemos, por cierto, que no todo lo que Jesús enseñó está en la Biblia. Sabemos que muchas de las verdades que constituyen el depósito de la fe se nos dieron por enseñanza oral de los Apóstoles y se han transmitido de generación en generación por los obispos, sucesores de los Apóstoles. Es lo que llamamos Tradición de la Iglesia: las verdades transmitidas a través de los tiempos por la viva Voz de Cristo en su Iglesia.

En esta doble fuente -la Biblia y la Tradición- encontrarnos la revelación divina completa, todas las verdades que debemos creer.

Fuente Leo J. Trese: La fe explicada.