jueves, 14 de abril de 2011

Viviendo con honestidad

Viviendo con honestidad.- Con toda seguridad, una de las cualidades que más buscamos y exigimos de las personas es la honestidad. Este valor es indispensable para que las relaciones humanas se desenvuelvan en un ambiente de confianza y armonía, pues garantiza respaldo, seguridad y credibilidad en las personas.
No debemos olvidar que los valores deben primero vivirse personalmente, antes de exigir que los demás cumplan con nuestras expectativas.

Recordemos que el valor de la honestidad:


Es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y la conducta que se observa hacia el prójimo, que junto a la justicia, exige en dar a cada quien lo que le es debido.


La persona que es honesta puede reconocerse por:
- Ser siempre sincero en su comportamiento, palabras y afectos.

- Cumplir con sus compromisos y obligaciones al pie de la letra, sin trampas, engaños o retrasos voluntarios.

- Evitar la murmuración y la crítica que afectan negativamente a las personalidad de los demás.

- Guardar discreción y seriedad ante las confidencias personales y secretos profesionales.

- Tener especial cuidado en el manejo de los bienes económicos y materiales.


Parte importante de nuestra esfuerzo personal para mejorar este valor, es reflexionar en nuestra actitud habitual hacia la honestidad:

- ¿Aprovecho el tiempo trabajando con intensidad y profesionalmente? ¿Evito aparentar ocupación para no recibir llamadas de atención?

- ¿Cumplo con la promesa de no revelar confidencias recibidas, sean personales o profesionales?

- ¿Evito aprovecharme de la ignorancia, el descuido, las debilidades o el exceso de confianza de los demás?
- ¿Devuelvo con oportunidad y en buen estado, todo lo que he recibido en préstamo?

- ¿Reparo el daño causado a los bienes ajenos por mi descuido o pereza?

- ¿Rechazo toda murmuración o comentarios que afecten a la reputación de los demás? ¿Procuro hablar siempre bien de las personas?

- ¿Es mi comportamiento igual con todas las personas y en todo lugar?


Para vivir con más cuidado y esmero el valor de la honestidad, es de gran utilidad poner en práctica las siguientes acciones:

- Debes ser fiel a tus promesas y compromisos por pequeños que puedan parecer.

- Lleva con claridad el manejo que haces del dinero, sin buscar quedarte con una parte alterando las cuentas, inventando gastos o argumentando extravíos.

- Si adquieres una deuda págala con oportunidad. No te escondas ni te molestes por el cobro, pues en justicia debes cumplir con ese compromiso.

- Aléjate de la pereza y cumple con tus deberes, así no tendrás necesidad de dar pretextos o mentir para encubrir tu falta de responsabilidad.

- Habla siempre con la verdad. No inventes ni exageres cosas sobre tu persona o sobre los demás. Lo mismo ocurre ante los problemas, situaciones laborales o de la vida cotidiana.

- No reveles aspectos negativos de la personalidad de los demás, aunque no te hayan pedido guardar el secreto, pues podrías caer en la murmuración, calumnia o difamación.

- Acepta serenamente los errores y fallas que has cometido, así como sus consecuencias; rectifica, y si es necesario, pide disculpas.

- Evita criticar negativamente las normas que existen en tu trabajo, la escuela o cualquier lugar, con personas ajenas y con poco conocimiento de las circunstancias. Dirígete al encargado, directivo o autoridad correspondiente.

- No tomes ni utilices los bienes ajenos sin la aprobación del legítimo propietario, aunque exista mucha confianza.

- Utiliza con propiedad los instrumentos de trabajo que están bajo tu responsabilidad.

- Demuestra respeto y fidelidad a tu cónyuge, evitando cualquier forma de coquetería o excesiva confianza con personas del sexo opuesto. El engaño también es incorrecto en el noviazgo.

La persona honesta, por sí misma, es garantía de fidelidad, discreción, trabajo profesional y seguridad en el uso y manejo de los bienes materiales.

Por el comportamiento serio, correcto, justo, desinteresado y con espíritu de servicio que adquirimos mediante la honestidad, esta se convierte en uno de los valores más importantes para el perfeccionamiento de nuestra personalidad.
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Para crecer en generosidad

Para crecer en generosidad .- Al reflexionar en este valor, encontramos que la vida del ser humano esta llena de oportunidades para servir y hacer un bien al prójimo; por eso es conveniente recordar que:
La Generosidad es el valor que nos hace pensar y actuar a favor de los demás, buscando aportar un beneficio a través de nuestra intervención desinteresada; poniendo el bienestar de quienes nos rodean, por encima de los intereses personales.

Por tal motivo, una persona generosa se distingue por:


- La disposición natural e incondicional que tiene para ayudar y servir a los demás sin hacer distinciones..

- Resolver las situaciones que afectan a las personas en la medida de sus posibilidades, o buscar los medios para lograrlo.

- La discreción y sencillez con la que actúa, apareciendo y desapareciendo en el momento oportuno.


Antes de considerar las acciones que debemos tomar para vivir mejor este valor, conviene detenernos a reflexionar un poco en nuestras actitudes:


- ¿Conscientemente dejo de prestar ayuda por pereza, desagrado o apatía?

- ¿Me esfuerzo por superar la propia comodidad, tomando conciencia de la necesidad ajena?

- ¿Espero recibir ayuda, favores y servicios sin considerar el esfuerzo que los demás realizan?

-¿Realmente actúo desinteresadamente? ¿Es igual la disposición con mi jefe, socio o la persona que siempre me apoya, a la que tengo en casa, mis subalternos, amigos, conocidos y personas en general?

- Antes o después de servir a los demás, ¿pienso o espero recibir un halago, felicitación, reconocimiento, beneficio o el favor devuelto?

-¿Siempre tengo presentes los favores hechos? ¿Les recuerdo, sugiero o hago notar a las personas mi ayuda e intervención?

-¿Normalmente me arrepiento de haber otorgado mi tiempo, bienes materiales, dinero o hacer un compromiso que exige un esfuerzo extra de mi parte?


Ser generoso es algo que muchas veces requiere un esfuerzo extraordinario. Para vivir mejor este valor en lo pequeño y cotidiano, es de gran utilidad poner en práctica las siguientes ideas:


- Procura sonreír siempre. A pesar de tu estado de ánimo y aún en las situaciones poco favorables para ti o para los demás.

- Haz el propósito de tener un detalle de generosidad diariamente con diferentes personas (familia, trabajo, escuela, club...): sacar la basura de casa; cuidar al hermano menor; conservar limpio y ordenado el salón de clase; llevar la tarea o apuntes al compañero enfermo; contestar el teléfono si quien lo hace está fuera de su lugar.

- Se accesible en tus gustos personales, permite a los demás que elijan la comida, película, lugar de diversión, pasatiempo, la hora y punto de reunión.

- Aprende a ceder la palabra, el paso, el lugar; además de ser un acto de generosidad denota educación y cortesía. En algunos casos es válido ceder el turno a quien tenga una urgencia real.

- Cumple con tus obligaciones a pesar del cansancio y siempre con optimismo, buscando el beneficio ajeno. Los padres de familia son un magnífico ejemplo, pues sin su labor, el sustento, el orden en casa, la educación y bienestar de los hijos, etc. simplemente no se darían.

- Usa tus habilidades y conocimientos para ayudar a los demás: explicando la clase a otros; colaborando en organización de eventos; enseñando como hacer mejor el trabajo o la reparación de artículos domésticos; como instructor de pintura, música, deportes en algún club infantil o juvenil.

- Atiende a toda persona que busca tu consejo o apoyo. Por más antipática o insignificante que te parezca, considera en ti a la persona adecuada para resolver su situación.

- Cuando te hayas comprometido en alguna actividad o al atender a una persona, no demuestres prisa, cansancio, fastidio o impaciencia; si es necesario discúlpate y ofrece otro momento para continuar.

- No olvides ser sencillo, haz todo discretamente sin anunciarlo o esperando felicitaciones.


El vivir en constante entrega a los demás, nos ayuda a descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros semejantes, alcanzando la verdadera alegría y la íntima satisfacción del deber cumplido.
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Juventud de espíritu

Juventud de espíritu.-Se asombró el niño de que un animal tan corpulento no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca. Lo estuvo contemplando durante un buen rato. Le sorprendió sobre todo que el elefante no hiciera el mas mínimo esfuerzo por soltarse.
Decidió preguntar al hombre que lo cuidaba. Este le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como esa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que durante mucho tiempo no podía escaparse, y por eso ya ni siquiera lo intenta".
Algo parecido nos sucede quizá a todos, en algún aspecto de nuestra vida. Hay barreras que nos tienen sujetos, porque durante mucho tiempo las hemos visto como infranqueables, y aunque quizá ahora tengamos fuerzas suficientes para superarlas, no lo hacemos porque seguimos viendo esos obstáculos como algo fuera de nuestras posibilidades.

Tenemos que cultivar una sana capacidad de descubrir nuestros falsos convencimientos, las servidumbres que nos encadenan, las ideas simples que no nos queremos cuestionar porque ponen en peligro viejas concesiones a las pocas ganas de luchar. Hemos de desechar esa soberbia sutil que envuelve nuestra mente y la enmaraña en reacciones tontas de envidia, celos o resentimientos, que también nos encadenan. O poner más esfuerzo para salir de las redes de la murmuración, la ira o el malhumor. O reconocer adicciones quizá menos honrosas, al alcohol, el sexo o los videojuegos. Se podrían poner muchos ejemplos de pequeñas ataduras que inmovilizan grandes voluntades, de hombres que no se deciden a liberarse de ellas porque desconocen la magnitud de lo que les frena y no se dan cuenta de que esas ataduras son pequeñeces de las que podrían perfectamente prescindir.

La ignorancia sobre lo que nos ata es la atadura más grave, pues si no advertimos algo no luchamos contra ello y por tanto nunca nos liberamos. Por eso hemos de agradecer que nos lo hagan ver, aunque nos duela un poco oírlo. Es más, si nos escuece un poco quizá es síntoma de que hay un particular acierto.

Otro gran enemigo es la falta de esperanza en que podamos liberarnos, aunque a lo mejor nos suceda como a aquella águila encadenada que llevaba tiempo intentando elevar el vuelo y romper así su atadura, y ya lo había conseguido en su último intento, pero se cansó y se resignó a su encerramiento sin darse cuenta de que ya estaba libre.

Olvidamos demasiadas veces que los grandes logros se alcanzan casi siempre después de muchos intentos fallidos. Tendemos a conformarnos, a acomodarnos a nuestras cadenas porque nos cuesta romperlas y entonces nos autoconvencemos de que no existen o de que no nos importa que existan.

Hay un tipo de esperanza —ha escrito Josef Pieper— que surge de la energía juvenil pero se agota con los años, al ir declinando la vida: el recuerdo se vuelve hacia el “ya no” en lugar de dirigirse hacia el “aún no”. Sin embargo, la verdadera esperanza otorga al hombre un “aún no” que triunfa sobre el declinar de las energías naturales. Da al hombre tanto futuro que el pasado aparece como “poco pasado”, por larga y rica que haya sido la vida. La esperanza es la fuerza del anhelo hacia un “aún no” que se dilata tanto más cuanto más cerca estamos de él.

Por eso, la verdadera esperanza produce una eterna juventud. Comunica al hombre elasticidad y ligereza, suelta y tirante al mismo tiempo, que es frescura propia de un corazón fuerte. Es una despreocupada y confiada valentía, que caracteriza y distingue al hombre de espíritu joven y lo hace un modelo tan atractivo. La esperanza da una juventud que es inaccesible a la vejez y a la desilusión. Así, aunque día a día perdemos un poco la juventud natural, podemos día a día renovar nuestra juventud de espíritu. En vez de dar culto a la juventud del cuerpo, de modo exterior y forzado, y que además produce desesperanza al ver cómo se va marchando, se ponen a la vista las cimas más altas a las que se puede remontar la esperanza del hombre que rejuvenece día a día su espíritu.
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Viviendo la sobriedad

Viviendo la sobriedad .- Una de las personalidades que más destacan en cualquier lugar, es aquella cuyas actitudes denotan orden y equilibrio, porque difícilmente cae en excesos de cualquier índole. Cuando una persona transmite esa armonía, podemos afirmar que se esmera en vivir el valor de la sobriedad, el cual:
Nos ayuda a darle a las cosas su justo valor y a manejar adecuadamente nuestros apetitos, estableciendo en todo momento un límite entre lo razonable y lo inmoderado.

Partiendo de esta consideración, la persona que vive este valor se reconoce por:


- Encontrar el momento y la oportunidad para expresar sus palabras e ideas, empleando un lenguaje correcto.

- El uso moderado del dinero y los bienes, así como guardar el orden en la comida, la bebida, el descanso y la diversión.

- El buen gusto para vestir apropiadamente según la ocasión.

- Vivir siempre de acuerdo a sus posibilidades.


Antes de concretar nuevos propósitos, siempre es de gran ayuda y utilidad dedicar unos instantes a revisar la manera en que vivimos actualmente este valor:


- ¿Compro cosas para satisfacer una necesidad real? ¿o son para demostrar lujo, alimentar la vanidad o cumplir con un capricho? ¿Llevo un control sobre mis gastos?

- ¿Procuro cuidar y obtener el máximo rendimiento y beneficio de las cosas que poseo?

- ¿Dejo de prestar un servicio o cumplir con alguna obligación porque me produce incomodidad, reduce mi diversión o corta mi descanso?

- ¿Busco realizar actividades concretas los fines de semana, días de descanso y las vacaciones?

- ¿Normalmente busco hacer notar mi presencia en todas partes?

- ¿Estoy alerta para evitar caer en cualquier tipo de excesos? ¿me esfuerzo para no dejarme llevar y corregir esta situación?

Es importante tener presente que al esforzarnos por vivir este valor, nuestra voluntad se fortalece moderando nuestros gustos y caprichos, pues al no auto-imponernos un límite, llegamos a una insatisfacción "por sistema" en la que siempre queremos más. De ahí surgen los vicios, la dependencia de las drogas, el deseo de placer sexual, la infidelidad, la pereza...


Para lograr fortalecer nuestra voluntad y crecer en este valor, puedes llevar a la práctica las siguientes sugerencias:

- Aprende a administrar tu dinero, primero cubre las necesidades primordiales y si queda algo, puedes abrir una cuenta de ahorros o guardarlo para un imprevisto. Los pequeños y grandes lujos déjalos para ocasiones especiales.

- Revisa si regularmente haces gastos en cosas superficiales y sin moderación alguna: Restaurantes, fiestas, bebidas, espectáculos, tratamientos de belleza, objetos personales (carteras, relojes, plumas, collares, bolsos, etc.)

- Procura obtener el máximo uso de las cosas y no las cambies simplemente porque en el mercado hay una más novedosa o porque todos tus amigos la compraron. No olvides que para lograr esto debes cuidarlas y usarlas apropiadamente.

- Evita convertir tu hogar en una verdadera bodega donde acumulas bastantes cosas que jamás utilizas. Es correcto renovar el guardarropa, adquirir nuevos accesorios o aparatos, y hasta cambiar de automóvil con cierta regularidad... todo dentro de tus posibilidades. Vende o regala todo aquello que ya no usas. Importante: que estén en buen estado.

- No busques convertirte siempre en el centro de atención, la sobriedad se manifiesta evitando acaparar las conversaciones, las palabras altisonantes, bromas de mal gusto, palabrería innecesaria, desmanes, exceso en la comida y la bebida, usar ropa extravagante o demasiado llamativa. Recuerda que todo esto demuestra falta de autodominio e inseguridad.

- Haz el propósito de moderar tus gustos y apetitos: compra menos golosinas; come un poco menos de aquello que más te gusta; establece una hora para dormir y dejar de ver la TV, para llegar a casa después de una reunión o espectáculo, etc. Aprende que la diversión también tiene un tiempo límite.

- Los días de descanso busca actividades que requieran menor esfuerzo y concentración del que habitualmente realizas en tu vida cotidiana. Deja mucho que decir quien permanece todo el fin de semana recostado. Nuestro tiempo debe pasar en equilibrio, entre la diversión, la obligación y la actividad, para atender a la familia, tener momentos de esparcimiento y desarrollar aficiones.

Debemos considerar que también faltamos a la sobriedad por la vanidad, el afán de competir con los demás y demostrar que somos mejores, más importantes o más simpáticos. De nada sirve exagerar nuestra conducta y actitudes, como tampoco el gastar de más para aparentar lo que no somos.

El esfuerzo por vivir sobriamente ayuda a la persona a tener seguridad en sus capacidades y cualidades, mantener un control sobre su economía, alejarse de la pereza y los vicios, con la capacidad de ofrecer una amistad genuina y fundamentada en los valores humanos.
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Trabajo y laboriosidad

Cualquier persona en constante actividad productiva, llama poderosamente la atención por su dinamismo, ingenio para tener una ocupación y el empeño que tiene por hacer bien las cosas. Esta inquietud tan evidente, no es otra cosa sino el valor de la laboriosidad aplicado en la vida cotidiana, lo cual significa:

Hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias personales.

La persona laboriosa tiene como notas características:

- Especial dedicación para realizar cualquier actividad o trabajo con la mayor perfección posible y concluirlas en el tiempo previsto.

- Hacer cosas que beneficien a los demás en su persona o sus bienes, sea en el hogar, la oficina o la escuela.

- Organización del tiempo para mantener un equilibrio entre el descanso y la actividad, evitando el ocio y la pereza o el activismo.

- Aunque su disposición al trabajo es continua, evita llenarse de actividades para cumplir adecuadamente con todos sus compromisos.


Ahora que hemos recordado los antecedentes del valor de la laboriosidad, conviene detenernos un momento a revisar nuestras actitudes y disposición para vivirlo:


- ¿Sé aprovechar el tiempo y trabajar con intensidad evitando las distracciones voluntarias?

- ¿Procuro terminar mis trabajos cuidando los detalles de presentación, calidad y entrega oportuna?

- ¿Pongo todo el esfuerzo y dedicación en mis labores, aunque no me agraden?

- ¿Qué hago cuando “me sobra tiempo”? ¿me informo, leo, estudio, ayudo a los demás o busco alguna actividad creativa que requiera menor esfuerzo intelectual o físico?

- ¿Utilizo el trabajo o el estudio como excusa para evitar otros compromisos o las obligaciones en casa?

- ¿Organizo mi tiempo, actividades y elementos materiales cada día?

- ¿Descanso lo necesario para recuperar ánimo y energía, sin caer en la pereza y el ocio?


Para hacer de la laboriosidad un valor constante en nuestra vida, puedes tomar como punto de partida las siguiente sugerencias:

- Comienza y termina de trabajar en las horas previstas.

- Termina en orden y de acuerdo a su importancia todo lo que has iniciado: encargos, trabajos, reparaciones, etc.

- Evita dejar las cosas inconclusas, salvo que exista un imprevisto o impedimento grave.

- Cumple con todos tus deberes, aunque no te gusten o impliquen un poco más de esfuerzo.

- Ordena tu material y equipo de trabajo antes de iniciar cualquier actividad. Así evitarás las distracciones.

- Descubre el motivo por lo que no te alcanza el tiempo: falta de organización, pláticas superficiales, demasiadas actividades, pretextos para estar fuera de tu lugar...

- No te limites a "cumplir" con tu trabajo. Busca colaborar con quienes te rodean en el trabajo, la escuela, familiares y amigos.

- Procura que la limpieza y el orden sean el sello característico de tus labores.

- Establece un horario y una agenda de actividades en casa: incluye estudio, descanso, tiempo para cultivar aficiones, convivencia familiar y las obligaciones domésticas o encargos.

- En casa corta el pasto, ayuda a los hijos o hermanos en sus deberes escolares; pon aceite en la puerta que rechina; tira los papeles y cosas inútiles que guardas en tus cajones; ordena tu ropa... Siempre hay mucho que hacer.

- Fija un horario para dormir que te permita descansar debidamente. Tal vez la TV, la lectura, la diversión, etc. se vean afectados, pero es un esfuerzo que vale la pena realizar.


Al mantenernos en constante actividad, adquirimos una mayor capacidad de esfuerzo, nos hacemos más responsables y llevamos una vida con orden; conscientes que la laboriosidad no es un valor para lucirse en un escaparate, sino un medio para ser más productivos, eficientes y participativos en todo lugar.
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Cómo conquistar la paz interior

Cómo conquistar la paz interior .- Es que, cuando uno está cerca de alguien alegre te la pasas bien, no sólo por que nos hace reír, sino por que ve la vida con optimismo y eso es contagioso. No me refiero a los que se pasan haciendo bromas, algunas pesadas, a los que a veces hieren a quienes están a su alrededor para mostrar lo ingeniosos que son o a los que a veces “caen mal” por querer hacerse los chistosos o los demasiado simpáticos. No, me refiero a una actitud un poco más pasiva, pero que se nota enseguida, a las personas que transmiten paz. Para los que transmiten paz parecería que los problemas no existen, o que por lo menos no son tan graves. Y una persona que transmite paz está siempre feliz, siempre con una sonrisa en los labios, eso refleja algo que lleva dentro. Refleja la paz interior.

Yo me imagino a Jesús así. Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra amable, dando ánimos y pasándola bien con los que están a su alrededor. Por eso, si viste la película de la Pasión de Mel Gibson, estarás de acuerdo conmigo de que la mejor escena es el flash back de cuando Jesús juega con su madre.

Ese sentido de alegría constante, de paz es algo que atrae mucho a las personas. Pero cual es el secreto para conquistar esa paz. Quisiera comentar brevemente dos textos que nos pueden ayudar a buscar este significado:
1 Me escribes y copio: "Mi gozo y mi paz. Nunca podré tener verdadera alegría si no tengo paz. ¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha. Sin lucha no podré tener paz".

Este sencillo punto de camino nos pone ante una realidad bien clara, no se puede tener verdadera alegría sino se tiene paz. Desde este punto de vista, se ve cómo la paz del espíritu no puede ser resultado de un equilibrio, de hacer un mix entre “las cosas que nos gustan” y las cosas de Dios. Es más bien la realización de una tarea que empeña toda la vida, como es la lucha por llegar a nuestro último fin, llegar a Dios.

La vida del hombre es un camino que puede llegar a distintos puertos, a distintos finales. Lo importante es que nuestro camino termine en Dios. Pero, durante este caminar debemos luchar contra algunos espejismos que se nos presentan agradables y atractivos, pero que nos conducen hacia la angustia y el miedo, que nos separan de nuestra meta. Estos espejismos son los del placer, los del culto al propio yo, los de la sensualidad o los de la pereza, que nos apartan del verdadero camino y de la verdadera fuente de la paz interior: el amor a Dios.

El amor a Dios, que es nuestro último fin, no sólo corrige el apego a estos espejismos, falsos o aparentes, sino que llena y satisface todas las inclinaciones humanas, llenando el corazón de paz y de alegría.
2 Nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras íntimas del Hijo de Dios hecho hombre. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre.
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Optimismo

El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia , descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte –el pesimismo- radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades; la diferencia es mínima, pero tan significativa que nos invita a cambiar de una vez por todas nuestra actitud.

Alcanzar el éxito no siempre es la consecuencia lógica del optimismo, por mucho esfuerzo, empeño y sacrificio que pongamos, algunas veces las cosas no resultan como deseábamos. El optimismo es una actitud permanente de “recomenzar”, de volver al análisis y al estudio de las situaciones para comprender mejor la naturaleza de las fallas, errores y contratiempos, sólo así estaremos en condiciones de superarnos y de lograr nuestras metas. Si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos, no haría falta ser optimistas.

Normalmente la frustración se produce por un fracaso, lo cual supone un pesimismo posterior para actuar en situaciones similares. La realidad es que la mayoría de nuestro tropiezos se dan por falta de cuidado y reflexión. ¿Para qué sirve entonces la experiencia? Para aprender, rectificar y ser más previsores en lo futuro.

El optimista sabe buscar ayuda como una alternativa para mejorar o alcanzar los objetivos que se ha propuesto, es una actitud sencilla y sensata que en nada demerita el esfuerzo personal o la iniciativa. Sería muy soberbio de nuestra parte, pensar que poseemos el conocimiento y los recursos necesarios para salir triunfantes en toda circunstancia.

Cualquiera que ha sido campeón en alguna disciplina, llegó a colocarse en la cima por su esfuerzo, perseverancia y sacrificio, pero pocas veces, o mejor dicho nunca, se hace alusión a su optimismo, a esa entrega apasionada por alcanzar su fin, conservando la confianza en sí mismo y en las personas que colaboraron para su realización. El optimismo refuerza y alienta a la perseverancia.

El optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.

En otras circunstancias nos engañamos e inventamos una falsa realidad para hacernos la vida más fácil y cómoda. Basta mencionar al estudiante que se prepara poco y mal antes de sus evaluaciones, esperando obtener la calificación mínima y necesaria para “salir del paso”, sin darse cuenta que su falso optimismo lo llevará –tarde o temprano- al fracaso.

Se podría pensar que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta; en el trabajo, una personalidad emprendedora; en la escuela, profesores y alumnos dedicados. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.

En la amistad y en la búsqueda de pareja también es necesario ser optimista. Algunas personas se encierran en sí mismos después de los fracasos y las desilusiones, como si ya no existiera alguien más en quien confiar. El optimismo supone reconocer que cada persona tiene algo bueno, con sus cualidades y aptitudes, pero también sus defectos, los cuales debemos aceptar y buscar la manera de ayudarles a superarlos.


El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:

- Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.

- Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.

- Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

- Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.

- No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño; en los errores y equivocaciones una experiencia positiva de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es la alegre manifestación del mismo, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga, convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.
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Artículo: Compasión

Artículo: Compasión.- Parece ser que la compasión sólo puede tenerse en algunos momentos de nuestra vida, con aquellos que han caído en desgracia y los desvalidos. La capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás se pierde día a día, recuperar esa sensibilidad requiere acciones urgentes para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.
Compadecerse es una forma de compartir y participar de los tropiezos materiales, personales y espirituales que aquejan a los demás, con el interés y la decisión de emprender acciones que les faciliten y ayuden a superar las condiciones adversas.

Diariamente ocurren todo género de desgracias: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes. En casos tan lamentables la compasión nos mueve a realizar campañas, colectas o prestar servicios para apoyar en las labores de ayuda humanitaria.

Ante todo, debe quedar claro que tener compasión y sentir lástima no es lo mismo. Contemplamos la desgracia muchas veces como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar que sería de nosotros en esa situación, sin hacer nada, a lo mucho pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia.

Por otra parte, pasa el tiempo y vemos con asombro la indeferencia que poco a poco envuelve a los seres humanos, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados todo parece marchar bien. Este desinterés por los demás se solidifica y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar


Sin embargo, son las personas que nos rodean quienes necesitan de esa compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio. Podemos descubrir este valor en diversos momentos y circunstancias de la vida, tal vez pequeños, pero cada uno contribuye a elevar de forma significativa nuestra calidad humana:

- Quien visita al amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad, más que lamentar su estado, está pendiente de su recuperación, en sus visitas regulares procura llevar alegría y tener momentos agradables.

- La reacción comprensiva de un padre o madre de familia ante las faltas de los hijos, por inmadurez, descuido o una travesura deliberada, reprenden, animan y confían en la promesa de ser la última vez que ocurra...

- En la escuela el profesor que consciente de la edad y las circunstancias particulares, corrige sin enojo pero con firmeza la indisciplina de sus alumnos, o pone todos los recursos al alcance para sacar adelante a ese joven con dificultades en el estudio.

- Los jóvenes que participan en actividades de asistencia social en comunidades marginadas, asisten con la ilusión de enseñar doctrina a los niños, festejan y animan a todos en el juego de balompié, conviven sin reparar en lo descuidado de su aspecto y sus modales...

- Toda persona en la oficina que roba tiempo a sus ocupaciones para explicar, enseñar y hacer entender a sus compañeros las particularidades de su labor, conocedor de su necesidad de trabajo y de la importancia del trabajo en conjunto.

Con el valor de la compasión se reafirman y perfeccionan otros valores: Generosidad y Servicio por poner a disposición de los demás el tiempo y recursos personales; Sencillez porque no se hace distinción entre las personas por su condición; Solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios; Comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.


Aunque la compasión nace en el interior como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, debemos crear conciencia y encaminar nuestros esfuerzos a cultivar este valor tan lleno de oportunidades para nuestra mejora personal:


- Evita criticar y juzgar las faltas y errores ajenos. Procura comprender que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actúen equivocadamente. En consecuencia, no permitas que los demás "se las arreglen como puedan" y haz lo necesario para ayudarles.

- Observa quienes a tu alrededor padecen una necesidad o sufren contratiempos, determina cómo puedes ayudar y ejecuta tus propósitos.

- Centra tu atención en las personas, en sus necesidades y carencias, sin discriminarlas por su posición o el grado de efecto que les tengas.

- Rechaza la tentación de hacer notar tu participación o esperar cualquier forma de retribución, lo cual sería soberbia e interés.

- Visita centros para la atención de enfermos, ancianos o discapacitados con el firme propósito de llevar medicamentos, alegría, conversación, y de vez en cuando una golosina. Aprenderás que la compasión te llevará a ser útil de verdad.


Es tan enriquecedora la compasión porque va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, se enfoca en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, la indolencia y el egoísmo.

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Artículo: La pureza del corazón

Artículo: La pureza del corazón.- Nuevamente vuelvo a insistir en un tema que a veces lo pasamos por alto, pero que es de vital importancia. Es verdad que ante la vida de los demás, ante actitudes que nos parecen extravagantes, extrañas, nos resulte placentero juzgar, a ver qué sucede con esa persona. Nos gusta enterarnos de todos los detalles, de cuánto ha hecho el del lado, para después, con la información que tengo, crucificarlo con la lengua…
No nos damos cuenta cómo, es triste decirlo, del chisme, de la murmuración, vamos haciendo temas que incluso nos llenan el día…

Es muy triste, amigos, hablar y hablar y nunca decir algo que esconda “amor”….

Y nos justificamos: solemos escudarnos en nuestra psicología. “Somos así”, mi personalidad me lleva a hablar de los demás, ¿Y nunca nos hemos preguntado que quizás la psicología del otro puede ser causa de esa actitud que yo comento con tan mezquino e hiriente interés?

Yo propongo la pureza como arma para extirpar este vicio tan terrible.

La pureza es un don. Viene de Dios…Lo que significa que por nuestros propios medios, nunca seremos puros.

Muchas veces vamos a misa y todo nos parece aburrido. Pasamos de largo, pensamos que todo lo que sucede es un rito. ¿Para qué ir a misa si siempre es lo mismo?

Y no nos damos cuenta que somos nosotros los que siempre somos los mismos. Nuestra alma llena de prejuicios, atiborrada de chismes y de mentiras, no se da cuenta que Cristo está en la Eucaristía…Porque las cosas espirituales pasan de largo para una persona carnal, impura, que vive con su corazón, permítame decirlo, asqueado de sensualidad y mentiras.

La pureza tiene relación con la castidad porque también la sensualidad poco a poco nos va dejando ciegos, nos volvemos seres esclavos de nuestros deseos y obramos tal….Y por esa razón, a la larga, todo lo que no nos parezca sensual, lo rechazamos enérgicamente. Vienen el aburrimiento, la tristeza, la pereza….Los pecados más terribles son la causa de que digamos que “la misa no sirve”, “yo no me confieso con un hombre”….

No seremos puros de corazón si nuestro cuerpo y nuestra alma, no está liberada de estos pecados. Me he dado cuenta que vicios así están tan arraigados que, incluso, se transmiten por el uso y la costumbre, de generación en generación…

La felicidad de una persona está en estas cositas que parecen tan insignificantes, sin embargo tan vitales ¡No perdamos la vida buscando donde no hay, oración, fuerza y lucha para combatir estos males en nuestra propia vida, y evangelizar a nuestros hermanos!. Pureza de corazón, vivir limpios de cuerpo y alma para Dios….
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Artículo: La espera aunque parezca larga

Artículo: La espera aunque parezca larga.- No se pierde la esperanza por aquel a quien tanto amamos si la espera está puesta en Dios. Aunque seamos motivo de crítica, aunque nos tilden de ingenuos e ilusos. Aunque nos vean como si fuéramos seres extraños en medio de un mundo que ha cambiado el sentido al amor, porque sólo vive para satisfacer el ego, porque se contenta con la felicidad aparente de los placeres del momento, cuando en realidad lo único que hace es dañar la mente, el alma y el corazón.
El amor es un regalo de Dios para que el hombre sea feliz y haga felices a los demás. El amor verdadero consiste en amar a Dios y en amar a tu prójimo como a ti mismo. Este es el primer mandamiento. Si decimos que amamos a Dios y abandonamos a aquellos que Él nos dio a nuestro cuidado ya hemos dejado de amar.

La familia es la escuela del amor verdadero, la base de la sociedad y del mundo. Un padre o una madre de familia que dice amar a sus hijos y de la noche a la mañana abandona el hogar ni siquiera está amándose a sí mismo. Su amor se torna egoísta porque sólo piensa en satisfacer su ego buscando fuera de su hogar lo que ya tiene para ser feliz.

El amor dentro del matrimonio es donación y entrega. Es una unión de amor tan profunda que en su máxima expresión conlleva la responsabilidad de la procreación de quienes vienen a dar un sí ulterior a ese amor: los hijos. Los esposos reafirman así lo que Dios nos enseña sobre el amor y entran a participar en la mayor y más bella obra de Dios: la familia.

El amor conyugal es la unión de un hombre y una mujer bajo la bendición de Dios desde el día del matrimonio. Se forma así un triángulo indisoluble de una comunión permanente, que da testimonio de la alianza con Dios como símbolo de la salvación del hombre de acuerdo a lo revelado en la Biblia. Cualquier otra relación fuera del matrimonio es simplemente adulterio, una traición a nuestro creador y, por ende, al esposo(a) y a los hijos.

Cuando hay abandono matrimonial de inmediato se rompe esa alianza con Dios, y el hombre pierde su paz interior y la oportunidad de ser realmente feliz, al dejarse llevar por el pecado que es la separación entre el Padre y sus hijos. Pero cuando el amor ha dejado raíces fuertes en el esposo o en la esposa que permanecen fieles, cuando en los hijos existe algo maravilloso que es la esperanza de que el papá o la mamá regrese algún día a Dios y a su hogar como el hijo prodigo, entonces descubrimos un verdadero testimonio del amor verdadero, ese amor que un día Dios unió. Entonces la espera, aunque parezca larga, vale la pena, pues el regreso de aquel que tanto se ama no depende de él sino de Dios.

Hoy se habla del divorcio como algo natural, como la ruptura de una relación a la que no se le da el verdadero valor que tiene cuando se ha dado el Sacramento del matrimonio, por el que vale la pena luchar hasta la muerte.

Por más que los hombres traten de legalizar civilmente una nueva relación jamas ésta será válida a los ojos de Dios. Para Dios no hay alternativas a un matrimonio bendecido por el mismo amor divino, ni hay nuevas relaciones que puedan sustituir aquella primera en la que se ha formado una familia.

Sólo en la familia radican los valores que permiten encontrar la verdadera felicidad, como son el amor, la entrega, la armonía, la alegría, la unión, la comprensión, el aprender diario a compartir... Pero, sobre todo, está la esperanza: una esperanza de amor y perdón en la que el hombre, unido a Dios, encuentra la paz y la verdad que nos hace plenamente libres.
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Provocación de la esperanza

Dicen que la fe mueve montañas. La verdad es que hace algo mucho más difícil, nos mueve a la esperanza. Javier Sicilia es ejemplo vivo y contagioso. Javier es un poeta que, incluso cuando afirma que la palabra guardará silencio, hace poesía.
Desde el silencio del Sábado Santo, como él le ha llamado, nos provoca, nos propone una paternidad compartida sobre nuestros jóvenes, lo que sólo puede suceder si somos capaces de mirarnos a los ojos y reconocernos como miembros de una sola familia.
La paternidad compartida es posible por nuestra condición de hermanos e hijos. Javier nos propone renovar nuestra alianza original, que es muy del gusto de Dios, de este Dios íntimo revestido de poesía (como dice Javier) y que, en cada alianza cotidiana, hace crecer la familia hasta abrazarnos a todos y cada uno de nosotros.
Javier nos invita a mirarnos en silencio, reconocernos, emparentarnos y así, calladita, dejar que nazca la certeza de que la vida es sagrada, que para formar parte de esta familia basta con existir. Así, del silencio y nuestras miradas, brotarán tres palabras: ¡Ni uno más! Un breve poema exultante de vida. Es así que podemos afirmar:
Nunca más un hijo muerto por la violencia del crimen, un hermano criminalizado por las autoridades. Ni uno más.
Nunca más un hermano asesinado lentamente por las drogas, engrosando la cuenta de estas víctimas que ya nadie cuenta, muertos de soledad y olvido. Ni uno más.
Nunca más un soldado muerto, un policía, un guardia de seguridad, porque ellos también se mueren aunque nadie parezca darse cuenta. Ni uno más, porque también son nuestros hijos y hermanos.
Nunca más un hijo, un hermano, con el alma amputada para convertirse en sicario, en narcotraficante, secuestrador, cobrador de derechos, padrote, administrador, narcomenudista. Ni uno más.
Nunca más una víctima del tráfico de seres humanos, vendidos, esclavizados, heridos, prostituidos. Ni uno más.
Nunca más uno de nuestros hijos muerto en el seno materno, sacrificado en el altar de la corrección política, en cuya muerte se muere la esperanza de una madre. Nunca más, porque los dos merecen vida en abundancia, no la muerte, no la herida, no el olvido. Ni uno más, porque nuestra pertenencia a esta familia no depende de nuestro tamaño.
Ni uno más de nosotros cruzado de brazos, con el rostro oculto, sumidos en el silencio, muertos en vida, muertos de miedo. Nunca más.
La provocación de Javier nace de la esperanza, un espacio común a hombres y mujeres de buena voluntad. Precisamente por esto los cristianos tenemos una especial responsabilidad nacida de la caridad. Es tiempo de revivir nuestro bautismo, de recordar que en cada eucaristía se renuevan nuestros lazos de familia, que renace la alianza de Dios con la humanidad. Es tiempo de asumir que la Palabra es vida encarnada, que en el silencio del Sábado Santo se gesta la resurrección. Recordar que la justicia es una obligación de caridad, una condición necesaria para la paz. Nunca más olvidemos que la gloria de Dios es que el Hombre viva y que tenga vida en abundancia. Ni uno más.
jtraslos@unam.mx
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Golpean y arrestan a católicos que apoyan a defensor de DDHH en Vietnam

Las autoridades vietnamitas detuvieron y golpearon a un grupo de católicos que trató de asistir al juicio contra el destacado abogado y activista de derechos humanos Cu Huy Ha Vu.
El 4 de abril "al menos 29 católicos fueron arrestados a las 8:00 a.m. del lunes cuando se dirigían a la corte para observar el proceso", informó la Asociación Católica de la Juventud de Vinh en un comunicado.
Testigos presenciales dijeron a VietCatholic que los católicos fueron seguidos de cerca por la policía local que usó la fuerza física para aprehenderlos. Los transeúntes que trataron de ayudar también recibieron golpes por parte de la policía.
Los católicos vietnamitas intentaban manifestar su apoyo a Cu Huy Ha Vu, quien está en prisión desde noviembre y es acusado de haber "difamado a las instituciones estatales y políticas". Según el gobierno, los cargos se derivan de los artículos críticos que ha publicado en Internet.
Vu tiene un apoyo generalizado entre los ciudadanos pero enfrenta una eventual condena de hasta 12 años de prisión si es declarado culpable.
El jurista es uno de las decenas de abogados vietnamitas y activistas que han sido encarcelados en los últimos cinco años para desafiar al gobierno.
En enero, el Departamento de Estado de Estados Unidos presentó una protesta fuerte con el gobierno vietnamita después que un diplomático estadounidense fuera golpeado por intentar visitar a un sacerdote católico enfermo que estaba bajo arresto domiciliario.
aciprensa.com

Católicos en China serán tema de comisión creada por el Papa

La Oficina de Prensa de la Santa Sede anunció hoy que del 11 al 13 de abril se reunirá en el Vaticano la Comisión que el Papa Benedicto XVI instituyó en 2007 para estudiar los asuntos concernientes a la vida de la Iglesia Católica en China.
El comunicado señala que en esta Comisión participan diversas autoridades de la Curia Vaticana, algunos representantes de los obispos de China y de diversas congregaciones religiosas.
La primera reunión plenaria, desarrollada entre el 10 y el 12 de marzo de 2008, tuvo como tema la Carta que el Papa Benedicto XVI escribió a los católicos de China el 27 de mayo de 2007, que aún es desconocido por un amplio sector de los fieles del país dadas las restricciones del gobierno para su difusión.
Seguidamente el comunicado recuerda que en las dos reuniones siguientes -realizadas en marzo-abril de 2009 y en marzo de 2010- se trató "el tema de la formación humana, intelectual, espiritual y pastoral de los seminaristas y de las personas consagradas, así como también el tema de la formación permanente de los sacerdotes".
En la reunión plenaria de los próximos días se revisará la situación pastoral de las circunscripciones eclesiásticas en China, concluye el texto, "con una particular referencia a los desafíos que la Iglesia encuentra al encarnar el Evangelio en las actuales condiciones sociales y culturales".
En los últimos días, la ordenación de un Obispo con aprobación de la Santa Sede y del gobierno chino permitió un acercamiento luego de las tensiones generadas por el régimen comunista que a finales del año pasado decidió la ordenación de otro Prelado sin autorización del Vaticano, y luego de haber convocado a una asamblea católica paralela a principios de este año a la que diversos obispos y sacerdotes fueron obligados a asistir.
China permite el culto católico únicamente a la Asociación Patriótica Católica China, subalterna del Partido Comunista de China, y rechaza la autoridad del Vaticano. La Iglesia Católica, fiel al Papa y clandestina en China, es perseguida permanentemente.
Las relaciones diplomáticas entre China y el Vaticano se rompieron en 1951, dos años después de la llegada al poder de los comunistas que expulsaron a los clérigos extranjeros.
aciprensa.com

La Conferencia Episcopal chilena aborda los casos de abusos sexuales entre su clero

La Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica de Chile ha emitido un comunicado en el que pide disculpas por los casos de abusos sexuales atribuidos a algunos sacerdotes, haciendo especial mención a la situación ligada al ex párroco de El Bosque, el P. Fernando Karadima. Los prelados chilenos agradecen la prontitud de la Congregación para la Doctrina de la Fe en emitir una resolución sobre dicho caso.
El documento presentado este viernes como conclusión de la Asamblea Plenaria de Punta de Tralca indica que los obispos han “reflexionado sobre el crítico escenario que vive nuestra Iglesia tras la sentencia impuesta por la Santa Sede al presbítero Fernando Karadima”.
“Nos duele y preocupa que otros consagrados estén siendo involucrados en presuntos abusos a menores, un pecado abominable para la conciencia cristiana. De un modo especial nos estremece el impacto que, con toda razón, estas situaciones producen en nuestras comunidades y en la opinión pública”, agregan.
En referencia a la condena dictada por el Vaticano señalan: “Agradecemos la solicitud y prontitud de la Congregación para la Doctrina de la Fe en emitir una resolución en el caso del presbítero Karadima, sobre la base de la documentación enviada por el arzobispo emérito de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz”.
“La palabra final de quienes tienen el ministerio de ejercer la justicia en nombre del Papa, nos alentará a perseverar en el camino de la transparencia, la verdad y la justicia”, afirman los obispos.
Los prelados destacan que “el arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, ha realizado una petición de perdón a las víctimas” y “también lo han hecho otros pastores ante situaciones similares en sus diócesis”.
Así, citan la declaración de este jueves en que “los obispos que forman parte de la Unión Sacerdotal del Sagrado Corazón han manifestado públicamente su cercanía con las víctimas, sus familias y todas las personas que por estos tan tristes acontecimientos han sufrido y se han escandalizado”. A esta petición, escriben, “todos con humildad nos adherimos”.
infocatolica.com

El Papa pide purificar la religiosidad popular

Benedicto XVI dijo ayer que la piedad popular es una forma de expresar la fe de la Iglesia, pero advirtió de que ciertas formas desviadas de religiosidad popular, lejos de fomentar una participación activa en la Iglesia, crean más bien confusión. El Papa dirigió un discurso a los participantes en la asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, que se ha reunido estos días en el Vaticano para analizar la «incidencia de la piedad popular en el proceso de evangelización de América Latina».
El obispo de Roma recordó su visita a Aparecida (Brasil, 2007) y que allí los obispos latinoamericanos presentaron la piedad popular como un espacio de encuentro con Jesucristo y una forma de expresar la fe de la Iglesia. Por tanto, agregó, no puede ser considerada como algo secundario de la vida cristiana.
El Papa señaló que esa expresión sencilla de la fe tiene sus raíces en el comienzo mismo de la evangelización de América aquellas tierras y tras señalar la obligación de la Iglesia de “purificar” lo que sea necesario de la misma, aseguró que para llevar a cabo la nueva evangelización en ese continente “no se pueden dejar de lado las múltiples demostraciones de la piedad popular”.
“Todas ellas, bien encauzadas y debidamente acompañadas, propician un fructífero encuentro con Dios”, agregó el papa, que insistió en que la fe tiene que ser la fuente principal de la piedad popular, “para que ésta no se reduzca a una simple expresión cultural de una determinada región”.

Desviaciones

“No se puede negar, sin embargo, que existen ciertas formas desviadas de religiosidad popular que, lejos de fomentar una participación activa en la Iglesia, crean más bien confusión y pueden favorecer una práctica religiosa meramente exterior y desvinculada de una fe bien arraigada e interiormente viva”, advirtió.
Benedicto XVI añadió que la piedad popular “puede derivar hacia lo irracional y quizás también quedarse en lo externo”, pero reconoció que “excluirla es completamente erróneo, ya que a través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común”.
“Por eso, la piedad popular es un gran patrimonio de la Iglesia”, subrayó, a la vez que insistió en que “tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el Pueblo de Dios”.

Expresión de la fe

El Santo Padre destacó también que en la piedad popular se encuentran muchas expresiones de fe vinculadas a las grandes celebraciones del año litúrgico y recordó los “incontables” santuarios que están dedicados a la contemplación de los misterios de la infancia, pasión, muerte y resurrección del Señor.
A ellos -añadió- acuden multitudes de personas para poner en sus manos sus penas y alegrías, pidiendo al mismo tiempo copiosas gracias e implorando el perdón de sus pecados.
Benedicto XVI se refirió asimismo a la devoción de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe a la Virgen María y afirmó que ella, desde los albores de la evangelización acompaña a los hijos de ese continente y es para ellos manantial inagotable de esperanza.
El Papa agradeció a los obispos las medidas adoptadas para “proteger, promover y purificar todo lo relacionado con las expresiones de la religiosidad popular en América Latina”.
Asimismo les exhortó a impulsar la “Misión continental”, puesta en marcha en la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) celebrada en 2007 en Aparecida (Brasil) para la nueva evangelización del continente.
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El Papa envía su condolencia a las víctimas de la masacre del colegio de Río de Janeiro

El Papa Benedicto XVI ha enviado al Arzobispo de Río de Janeiro, Mons. Orani João Tempesta, un telegrama de condolencia y solidaridad con las familias de las víctimas y afectados por la masacre perpetrada en una escuela de la ciudad por un joven de 23 años, que disparó a quemarropa causando 11 muertos y 18 heridos, para finalmente suicidarse.

En el texto el Papa asegura “su solidaridad y consuelo espiritual a las familias que perdieron a sus hijos y a toda la comunidad escolar haciendo votos para la pronta recuperación de los heridos”.
”El Santo Padre invita a todos los cariocas (habitantes de Río), a que ante esta tragedia le digan no a la violencia que constituye un camino sin futuro, procurando construir una sociedad fundada en la justicia y el respeto por las personas, sobre todo los más débiles e indefensos”.
Finalmente el telegrama señala que “en nombre de Dios para que la esperanza no desvanezca en esta hora de prueba y prevalezca el perdón y el amor sobre el odio y la venganza, su Santidad el Papa Benedicto XVI concede a todos una confortadora Bendición Apostólica”.
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Cardenal Sergio Sebastiani cumple 80 años. El número de cardenales electores pasa a 115


El 11 de abril cumple 80 años el cardenal italiano Sergio Sebastiani, uno de los principales colaboradores de Juan Pablo II durante los últimos años de pontificado. Al cumplir esta edad pierde el derecho a entrar en un eventual cónclave de elección papal. Por eso, a partir de hoy el número de cardenales electores se reduce a 115.




El cardenal Sebastiani ha realizado delicadas tareas diplomáticas como nuncio en Madagascar y Turquía, especialmente en el diálogo con el Islam.

En 1997, Juan Pablo II le pidió que se hiciera cargo de la prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, que cada año hace públicas las cuentas del Vaticano. Ocupó este cargo hasta el año 2008, cuando cumplió 78 años.



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Juan Pablo II explica qué es la santidad


SÓLO VÍDEO "La santidad es alzar los ojos a los montes, es intimidad con Dios Padre que está en los Cielos. En esta intimidad vive el hombre consciente de su camino, que tiene sus límites y sus dificultades".


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Los príncipes de Asturias asistirán a la beatificación de Juan Pablo II


Felipe y Letizia de Borbón encabezarán la delegación oficial española para la beatificación de Juan Pablo II el próximo 1 de mayo. Los príncipes conocieron personalmente a Juan Pablo II, y lo visitaron pocos meses después de casarse. Fue uno de los últimos encuentros oficiales del Papa.


Los príncipes de Asturias participarán en la ceremonia de beatificación del domingo 1 de mayo y rezarán ante el ataúd de Juan Pablo II. También los reyes de Bélgica han confirmado que asistirán a la ceremonia.

Los príncipes asistirán también en nombre del rey Juan Carlos, gran amigo Juan Pablo II. El rey asistió el funeral del Papa visiblemente conmovido.

Los príncipes de Asturias estuvieron recientemente con Benedicto XVI, porque lo recibieron a su llegada a Santiago de Compostela el pasado mes de noviembre.

Como príncipes herederos y “jóvenes” de la familia real española, tendrán un papel particular durante el viaje de Benedicto XVI a España para la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 el próximo mes de agosto.

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Los hijos, ¿propiedad o misión?

Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.
Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...
Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.
Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.
Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...
Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...
Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...
La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...
San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...
Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.
Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...

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